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Una errática intendencia

El intendente les debe a los vecinos una explicación clara y específica acerca del Fondo de Obras Públicas.

19 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Una errática intendencia

El estado de la ciudad es responsabilidad, en primer término, del intendente y de su gabinete. Y después, de su órgano legislativo, el Concejo Deliberante, que debería funcionar como representante de los vecinos para dar el visto bueno legal a las acciones del Ejecutivo.

En el caso de la ciudad de Córdoba, basta una mirada para reconocer la deuda de estos organismos sólo en el mantenimiento del aspecto urbanístico: tránsito caótico, baches por doquier, semáforos que no funcionan o están mal sincronizados, calles sin pintura de sendas peatonales ni carriles, acumulación de basura, espacios verdes descuidados, smog y contaminación, etcétera.

Habría que agregar que la ciudad padece males estructurales de largo arrastre, como su transporte deficiente y su fragilidad en materia de desagües y redes cloacales.

Por desgracia, la actual intendencia ha tenido un comportamiento errático, que le ha impedido realizar avances significativos en los principales problemas. Sucesivos cambios en su gabinete, peleas desgastantes por cuestiones políticas y duras confrontaciones con sus empleados han consumido tiempo, esfuerzos y recursos.

El panorama parece agravarse, ya que el intendente afronta por estos días la alternativa de ir a Tribunales a raíz de una denuncia por el manejo de los dineros que deberían haber conformado el Fondo de Obras Públicas (FOP), creado en 2009 con una sobretasa en el tributo sobre los Inmuebles. La acusación señala que lo recaudado fue destinado a "gastos corrientes", mientras que, en su defensa, el intendente afirma que ese fondo nunca se constituyó y pide su derogación.

Además, se acordó un nuevo incremento de salarios a los empleados, que impactará, como es obvio, en un Presupuesto que cada vez destina más fondos a sueldos y menos a obras. He aquí uno de los nudos gordianos del problema. No se trata de cuestionar el derecho de los trabajadores a un salario digno, sino de administrar el municipio sin desequilibrios.

Nada justifica que los empleados se lleven más del 60 por ciento del Presupuesto de una ciudad que está como está. Porque si bien la responsabilidad mayor es del intendente y de sus funcionarios, también hay que decir que la calidad de los empleados y su cariño y dedicación por la ciudad que ellos deben mantener limpia, ordenar en su tránsito o cuidar en sus espacios verdes, deja mucho que desear. Uno de los mejores sueldos del país no es, en efecto, un premio a la excelencia.

Los ediles tampoco están cumpliendo su papel, ocupados en disputas que se originan en viejas y recientes heridas políticas.

A su vez, si bien es cierto que los habitantes delegan responsabilidad con su voto y pagando sus impuestos, también se hace necesaria una mayor participación en el cuidado de la ciudad. En suma, se necesita un mayor compromiso de todos.