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Un cambio de estación

Cristina y Néstor Kirchner viven estos días con la euforia de sentirse ganadores. Pero es delicada la realidad en la parte baja de la pirámide social.

11 de abril de 2010 a las 12:00 a. m.
Un cambio de estación

Es otoño, pero parece verano. Y no se trata sólo de los días soleados y de altas temperaturas, sino del clima político que vive el kirchnerismo. La oposición ganó las elecciones del 28 de junio de 2009, pero la iniciativa y el centro de la escena siguen en manos de la pareja presidencial.

Cristina y Néstor Kirchner, por ideología o por presiones (más esto último que lo primero), doblegan la voluntad de una parte de la oposición y logran que el Congreso esté paralizado. Así, duermen el sueño de los justos dos proyectos clave que significarían una traba para el manejo de los recursos: la anulación del uso de reservas del Banco Central, de las cuales 6.569 millones de dólares ya pasaron a estar a disposición de la chequera kirchnerista, y la coparticipación total del impuesto al cheque.

¿Cómo es posible que las provincias renuncien al derecho federal de coparticipar el ciento por ciento de un tributo? Es posible, los Kirchner lo hicieron.

Apenas un ignoto juez de los tribunales de Nueva York -Thomas Griesa- inquieta más al matrimonio del poder, que la fragmentada oposición que controla la Cámara de Diputados y que sólo un aliado más -el polémico Carlos Menem-, tendría la llave del Senado.

¿Todo bien? El Gobierno se da el lujo de festejar el boom del consumo, que responde a la decisión de la sociedad de cuidar el valor de sus ahorros, que a una recuperación sustentable. Los récords en las ventas de automóviles, electrodomésticos y electrónicos, además del repunte que se observa en la construcción, obedecen a la necesidad de invertirlos ante el bajo rendimiento de los plazos fijos, un dólar quieto y una inflación que tendría un piso de 25 por ciento, coinciden los economistas.

Esa explosión explica por qué la industria creció 15,9 por ciento en febrero en comparación con un año atrás y 6,1 por ciento en valores desestacionalizados contra enero, según el último informe de la Unión Industrial Argentina (UIA). La comparación es contra los peores meses de la recesión. Si la medición se compara contra el primer bimestre de 2008, la industria produjo 1,3 por ciento menos y tres por ciento menos contra agosto-setiembre de 2008, el último pico de producción.

Alimentos y bebidas es la "mosca blanca" del repunte fabril. La actividad estuvo 12 por ciento por debajo de un año atrás, aunque ese fenómeno se explica por la caída en la molienda de oleaginosas -28,1 por ciento menos que en 2009-, debido a la magra cosecha 2008/09, además del parate que registran las plantas frigoríficas por el cierre de las exportaciones de carne, según la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal).

Golpe bajo. "En Córdoba, la industria de la alimentación está entre menos dos o tres por ciento y más tres o cinco por ciento en relación con 2009", afirma ante La Voz del Interior el gerente de una planta del interior, quien reconoce que el sector no tiene los números espectaculares que exhiben las industrias automotriz y siderúrgica. "Es un año complicado, por la caída real en los ingresos de la población y por los precios que imponen las grandes cadenas", apunta el directivo de una Pyme acostumbrada a pelear contra las grandes marcas. Y concluye: "Tenemos una doble pinza en contra, por un lado, el aumento de la materia prima, envases (vidrio, hojalata, papel), logística y sueldos (el gremio acaba de pedir una mejora de 23 por ciento) y por el otro, la caída en el poder de compra de la población".

En la industria frigorífica , todas las maldiciones apuntan contra el polémico Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, que sólo autorizó la exportación de cinco cortes de la cuota Hilton (se destina a Europa a muy buenos precios). "La faena cayó 30 por ciento en relación a 2009", explica a este diario el directivo de un frigorífico exportador, quien reconoce que el mercado interno también acusa una caída por la suba del precio de la carne. Los gremios advierten que peligran 20 mil puestos de trabajo.

La trepada en el precio de los alimentos y la lenta recuperación del mercado del trabajo tornan increíble que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) haya registrado, justamente, una baja en la pobreza el segundo semestre de 2009. La baja sólo se puede justificar poniéndole un precio más bajo de lo que en realidad vale la canasta de alimentos y servicios que mide el Indec. Para el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, aumentó y ya afecta al 30 por ciento de la población, unos 12 millones de argentinos, un tercio de los cuales no alcanza a cubrir una dieta mínima.

Por momentos, el verano económico es sólo para pocos.