Responsabilidades proporcionales
Los pasos dados quedarán a mitad de camino si no sirven para construir medidas de confianza. Marcelo Taborda.
Resulta difícil creer que por la mera declaración de compromisos asumidos por 47 mandatarios en dos días de debates y contactos sobre la amenaza nuclear, el mundo es desde anoche un sitio más seguro. Por más que la ambiciosa afirmación haya partido del presidente anfitrión, en cuyas manos estará al menos hasta enero de 2013 (si no es reelegido en noviembre de 2012) el control del mayor y más destructivo arsenal atómico del planeta.
El propio Barack Obama, entre otros asistentes a la Cumbre de Seguridad Nuclear, se encargó de resaltar la amenaza devastadora a la que se expone el planeta en caso de que materiales como uranio enriquecido o plutonio caigan en manos de grupos como Al Qaeda o cualquier otra organización dispuesta a golpes de efecto a escala global.
Para imaginar un mundo seguro, son importantes pero no bastan acuerdos como el que sellaron una semana atrás en Praga Obama y su par ruso Dimitri Medvedev, de visita hoy en la Argentina. Tampoco es suficiente, aunque ayude, que los viejos rivales de la Guerra Fría se fijen plazos de aquí a ocho años para deshacerse de 68 toneladas de plutonio o que todos los participantes de la reunión en la capital estadounidense hayan suscripto la obligación de poner a resguardo sus materiales nucleares en cuatro años.
Los pasos dados son importantes pero quedarán a mitad de camino si no sirven para construir medidas de confianza mutua que no se basen sólo en la presión de los más poderosos sobre los más débiles y en políticas de doble rasero a la hora de evaluar qué se hace y se deja de hacer con la energía atómica.
Latinoamérica, a través de Argentina, Chile, México y sobre todo Brasil, dejó oír una voz sobre la legitimidad del uso con fines pacíficos de la energía atómica, en línea con el Tratado de Tlatelolco y frente a potencias nucleares que cada tanto han castigado a la Tierra con el uso bélico o pruebas militares atómicas.
A la hora de generar confianza y asumir el deber de garantizar un mundo más seguro en esta materia, no se puede exigir lo mismo a potencias nucleares como Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, China y hasta India o Pakistán, que a naciones emergentes con legítimas estrategias en materia energética.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien acaba de anunciar un ambicioso plan de inversiones que contempla la construcción de hasta seis nuevas centrales nucleares hasta el año 2022, dijo antes de llegar a Washington que no se podía presionar a algunos países cada vez más, mientras otros se arman hasta los dientes.
Las sospechas y presiones de la comunidad internacional enfocadas en gobiernos como el de Corea del Norte y, hoy, Irán, deben dar paso a métodos diferentes a los que se usaron con el Irak de Saddam Hussein. Las sanciones que precedieron a una invasión basada en pruebas falsas sentaron un oscuro precedente en una región muy susceptible ante los escasos controles que el mundo plantea frente a lo que, por ejemplo, Israel hace o deja de hacer en su central de Dimona.

