Repensar el Bicentenario
¿Qué dirían los hombres de Mayo si vieran cómo se encuentra la Escuela Avellaneda de Villa María, señera como pocas en educar a poblaciones vulnerables? Fernando Ceresole.
¿Qué dirían los hombres de Mayo si vieran cómo se encuentra la Escuela Avellaneda de Villa María, señera como pocas en educar a poblaciones vulnerables?
¿Qué dirían de la cantidad de nuevas divisiones que son necesarias en muchas escuelas, pese a que ello impide una acción pedagógica más horizontal y con menos gritos?
Para festejar el Bicentenario, como ciudadano debo preguntarme qué tengo y qué me falta como sociedad en aquello que creo insoslayable -la educación-, a la hora de encontrar un camino hacia la reconstrucción de un país que supo de crisis y que siempre tuvo un volver a empezar.
Rápidamente imagino: tengo varios edificios escolares prácticamente nuevos; comunidades educativas comprometidas con su proyecto institucional; programas alimentarios que ayudan cuando la ayuda no llega o el trabajo no alcanza en las mesas de muchos villamarienses. Ahora, además, tengo la asignación universal por hijo que, aunque corta en lo económico, se estira cuando obliga a escolarizar y a vacunar.
Nos hacen falta compromiso, empeño y un esfuerzo que dista mucho, demasiado, de las modas pasajeras que asoman, crecen como gigantes y desaparecen al unísono cuando llega otra, otra y otra, mientras se nos va el tiempo. Si no, vean a Ricardo Fort y a grupos de cómodas señoras, junto a sus hijas, sacarse fotos con el amo del chocolate frío.
Pregonar con el ejemplo debería ser nuestro compromiso con los hombres de Mayo.
Computadoras y conectividad, sí, pero techos, baños y ventanas nuevas también.
Saludemos a ese grupo de alumnos de Estación Chuña (y a su profesora Carmen) que, sin tecnología, con mucho esfuerzo y sin sus últimas vacaciones de verano, se preparan para representarnos en mayo en la Feria Internacional de Ciencias en California, Estados Unidos.
*Codirector revista Cátedra Libre y www.villamariaeducativa.com.ar

