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Mucho sexo, poco seso

¿Cuántos aseguran que, cuando el erotismo estaba retaceado, no hacía falta sildenafil para alentarse? Como ahora tampoco alcanza el Viagra, se comercializan feromonas. Rosa Bertino.

24 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Mucho sexo, poco seso

Parecía imposible que algo pudiera desplazar a la TV. Sin embargo, la juventud ya prefiere Internet y los celulares. Lo mismo podríamos especular acerca de los shoppings y del sexo.

Aunque son incomparables, ambas actividades gozan de gran popularidad y promoción. No sabemos qué futuro le aguarda a los primeros. Pero el sexismo empieza a dar indicios de una declinación semejante a la de las telenovelas. A Verónica Castro o Grecia Colmenares no las corrió la edad, el peso o el bótox. Lo que hacían se volvió tan reiterativo, que dejó de interesar. ¿Cuántos aseguran que, cuando el erotismo estaba retaceado, no hacía falta sildenafil para alentarse? Pues como ahora tampoco alcanza con el Viagra, se comercializan feromonas.

En México, venden zapatos con plantillas embebidas en estas hormonas, para que la niña pise y exude el penetrante olor a mujer.

Cachondeo. Sildenafil y feromonas son afrodisíacos sintéticos. Los afrodisíacos son antiquísimos, y siempre en frasquitos. Por algo, su nombre está emparentado con Afrodita, diosa del apetito sexual, que puede menguar con los años o las circunstancias.

En cambio, el sensacionalismo es agotador e inhibidor. Hay pocas cosas menos excitantes que el cachondeo de Amalia Granata o Humberto Tortonese. Además, el escándalo no clarifica ni desprejuicia. En los últimos estertores de una era interminable, lo freak ("anormal") es noticia y no pasa semana sin que un cura no haya abusado de un chico en los últimos 50 años.

Tape y destape. ¿Dónde estaban todos esos expedientes? ¿por qué hoy afloran como hongos? Aunque está bien que se sepa lo que antes se sospechaba y ocultaba, el destape de las aberraciones cometidas por sotanas ha venido acompañado de una serie de pronunciamientos desconcertantes.

Primero, un vocero del Vaticano, Tarcisio Bertone, desvinculó a la pedofilia del celibato y dijo que "más bien se relaciona con la homosexualidad". Luego, en otro contexto, Evo Morales asoció la oleada de homosexualidad con el alto consumo de pollo. Ambos le echaron la culpa a las hormonas, sean naturales o de laboratorio.

Nosotras. Si tratamos de sacar conclusiones válidas, llama la atención que no haya denuncias contra monjas, pese a que éstas tienen mucho contacto con la infancia.

Por otro lado, es imposible sostener que curas, solteros y homosexuales, sean más degenerados que el resto. Está comprobado que el mayor número de abusos es cometido por hombres laicos y heterosexuales, con uno o más matrimonios en su haber, e incluso promiscuos.

¿Significa que, al menos en ese aspecto, las mujeres somos más buenas? ¿la maternidad nos preserva? ¿o lo nuestro es la manipulación psicológica, que no deja huellas visibles ni se puede llevar a Tribunales?