Le toca a cualquiera
¿Viviremos eternamente presos del temor? La seguridad es una deuda pendiente desde hace tiempo ya. La impunidad acompaña de la mano a los ejecutores de robos y actos vandálicos tanto de día como de noche.
¿Cómo puede organizarse una sociedad honesta frente a estas mafias inimputables? ¿Cómo puede el ciudadano corriente, trabajador y honrado, mantenerse a flote mientras hace malabares para afrontar no sólo sus necesidades, sino también la de personas que viven de lo ajeno?
Moralmente, uno queda rebajado ante esta situación insostenible. Siendo testigo directo, en un barrio de 400 viviendas, existe actualmente un robo diario. Cada 24 horas un grupo de individuos se apropia de pertenencias ajenas sin importar jamás la situación de las víctimas.
Esta situación se presenta desde comienzo de año, ininterrumpidamente. La modalidad operativa es una incógnita que alguna institución deberá desmantelar.
Los habitantes de la Zona noroeste de la ciudad de Córdoba piden incesantemente más seguridad. Esta petición no será la única, seguramente, en un país donde un cigarrillo, para muchos vale más que una vida y todo lo que ella significa.

