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La tecnología sola no alcanza

Las iniciativas oficiales apuntan a achicar la brecha tecnológica, pero la informática en la escuela es una deuda pendiente.

02 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
La tecnología sola no alcanza

La incorporación de las nuevas tecnologías en las escuelas abre, por fin, la discusión sobre el uso que se hará de ellas. Argentina está muy lejos del mundo, y aún de los vecinos latinoamericanos. Va a la zaga de Uruguay, Chile y Colombia. En el país, y en Córdoba, la tecnología arrasa mientras la escuela sigue pensando qué hacer con ella.

La buena noticia es que comenzamos a hablar de la cuestión. ¿Qué uso se dará a los tres millones de netbooks que prometió la Nación para todos los alumnos secundarios argentinos? No es una disquisición tecnológica sino pedagógica. Eso ya es un paso. A Córdoba llegarán 172.884 máquinas nacionales (las primeras cinco mil, en dos meses): una para cada alumno bachiller o de escuela técnica pública.

A la vez, la Provincia ya repartió 1.222 computadoras portátiles, en 80 escuelas, de las 5.357 que tiene previsto entregar durante el primer semestre del año en el nivel medio y superior. Después de julio, les tocará a las primarias: serán 19.134, y 629 para las escuelas especiales. Se sumarán 1.916 computadoras de escritorio para uso administrativo (e igual número de impresoras) para todos los niveles.

Lejos del Primer Mundo. Las cifras nos acercan un poco a Latinoamérica (también en la base de la escala mundial), pero nos ubican aún muy lejos de Estados Unidos o Europa, donde la socialización de la tecnología es más natural.

La Provincia invertirá 51 millones de pesos; y la Nación, 3.200 millones, el equivalente a un cuarto del presupuesto de la provincia de Córdoba.

La cuestión es capitalizar la inversión, aún cuando los docentes no demanden el uso de nuevas tecnologías. Para una gran parte de los maestros tener una netbook en el aula no es prioridad. Muchos lo admiten. Un relevamiento informal en algunas escuelas arrojó que sólo uno de cada 20 docentes se siente capaz de aprovecharla.

La ignorancia puede ser letal. Un ejemplo: días atrás, una escuela provincial sufrió el robo de tarjetas de memoria de las nuevas máquinas. La directora no sabía qué se llevaban.

Cabría preguntarse, entonces, si las buenas intenciones e inversiones están disociadas de las demandas, necesidades y urgencias de los docentes. ¿Sienten a las netbooks como una herramienta seductora? Cualquier respuesta puede ser prematura.

La doctora en educación Silvina Gvirtz asegura que si las computadoras se utilizan a pleno en los colegios asistiríamos a una mejora considerable de la educación. Pero ello, dice, depende del cumplimiento de algunas condiciones.

Que las escuelas estén conectadas con Wi-Fi para que los estudiantes accedan a Internet y a todos los recursos didácticos que ofrece la Red. Las máquinas que distribuye la Provincia aún no tienen conexión; prometen llegar a diciembre con banda ancha en todas las escuelas.

Que se prepare adecuadamente la infraestructura escolar. Las baterías de las netbooks son limitadas y es preciso generar un sistema eléctrico que permita una recarga constante.

Que se inicien serios y sistemáticos procesos de formación docente. En Córdoba sólo está capacitado el 10 por ciento de los docentes provinciales.

Es de perogrullo, pero la tecnología sola no alcanza. La Unesco lo dice con claridad: para garantizar resultados hay que evaluar el contexto y la cultura, asegurar maestros con visión, liderazgo y capacitación, planificar y articular planes de estudio, intereses y motivaciones.

Los cambios traen conflictos. La cuestión es contar con dispositivos para resolverlos. Uruguay puede ser un excelente espejo en el que mirarse.

El profesor de la Universidad de San Andrés e investigador en nuevas tecnologías, Alejandro Artopoulos, cree que una clave es lograr que los docentes sean capaces de innovar y los directivos, de promover cambios en su gestión. El desafío es enorme en escuelas que miran con nostalgia los albores del siglo 20 y esperan transformaciones sin cambiar nada.