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La resurrección de los libros

El próximo viernes se celebrará el Día Mundial del Libro. Hasta la invención de la imprenta, tener un libro era una fuente de sabiduría casi mágica.

17 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Pancho Marchiaro (especial)
La resurrección de los libros

La historia mundial de la lectura se resume adecuadamente en una anécdota que me contó hace tiempo Guillermo Serra. Hace unos 50 años, en el Monserrat, el profesor descubre a un alumno leyendo algo a escondidas, debajo del pupitre, y le dice: "!Señor Martínez! !¿Qué está leyendo ahí abajo?!". Con la esperanza de pescarlo in fraganti le espeta: "A ver, !léanoslo a todos!" Martínez, sin titubear se pone de pie y retoma, a viva voz, El lobo estepario de Hermann Hesse. La anécdota se completa así: la clase enmudece, el profesor abandona su lección de inglés, o álgebra, y Martínez le da rosca a la vida de Harry Haller durante 20 litúrgicos minutos. Campana. Por enésima vez triunfa la literatura.

Martínez es el eslabón local en la cadena evolutiva de hombres incorporados al ADN del libro. Ese objeto simbólico cuya remota historia pareciera iniciarse en China, en un tiempo impreciso, para luego mezclarse con la utilización del papiro egipcio.

Aquellos ejemplares enrollados sobre sí mismos, no dejaban lugar al negocio de los señaladores y probablemente por eso fracasaron.

En occidente, los libros pasarían a ser un conjunto de páginas unidas, pero manuscritas, con los llamados códices del SIV (que nacieron imitando las antiguas tablillas romanas unidas por una bisagra).

Sin embargo los rollos no desaparecerían frente a la hegemonía encuadernadora hasta el siglo VIII, mientras que en América se llamarían códices los libros precolombinos de formato acordeonado.

Es evidente que los primeros ejemplares manuscritos fueron el resultado de un gran esfuerzo de los monjes copistas, y hasta que se inventara la imprenta, tener un libro era poseer una fuente de sabiduría casi mágica. Por consiguiente, sólo puñados de personas en todo el mundo accedían a sus páginas, generalmente miembros del clero. También fueron libros los pilares que sostuvieron el surgimiento de las primeras universidades europeas, entre los siglos VIII al X.

En el siglo XV, Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles revolucionando la historia del conocimiento y propulsando la democratización de la información de forma exponencial. Pero Gutenberg jamás se enteraría del aporte que estaba imprimiéndole a la humanidad pues su empresa había nacido con un crédito que no pudo cubrir en los plazos acordados, debiendo abandonar el emprendimiento sin conseguir la impresión masiva. Justamente fue su prestamista quien conseguiría, años después, comenzar a sacarle partido comercial al invento, mientras Johannes moría ignorado y en bancarrota.

Vivimos las pascuas del libro. Después del siglo XV, deberíamos pasar las páginas de la historia con cierta rapidez hasta finales del siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial, con sus imprentas y molinos papeleros a vapor, dinamizaran la producción de libros, volviéndolos objetos de consumo cuyo acceso empezaba a estar al alcance de una parte importante de la población. Hojeamos dos siglos más a toda velocidad y recién a finales del siglo 20, comienzos del 21, ese objeto que fuera tablillas, rollos de papiros, pergaminos, incunables, y libros tal como los conocimos, vuelve a cambiar su fisonomía. Como si se tratara de una resurrección, y con estadísticas que indican las tasas de alfabetización más altas, el libro pareciera desprenderse de su cuerpo para que su alma inmaterial viva en el cielo de la informática e Internet.

Como la música y los discos, las películas y el cine, o la fotografía y los rollos negativos, para algunos la lectura es un alma atrapada en el cuerpo de los libros. Estas personas reivindican que hoy se pueda acceder a ese espíritu mediante un e-book , un kindle o cualquier página web. Alegan que es gratis y ecológico. También dicen los investigadores "nunca leyó tanto la humanidad", pero se refieren a mensajes de celulares, webs, e-mails y chats, pero no papel.

Un periodista de la revista Ñ , decía haber encontrado la respuesta a esa trillada pregunta que dice: ¿qué libro te llevarías a una isla desierta? Respuesta: mi kindle .

También están quienes creen que cuerpo y alma son inseparables, o que el espíritu de los libros habita en sus lomos. Este agnosticismo bibliológico, que es más socialista -por aquello de los lomos y el trabajo-, también tiene su propia fe y correspondiente militancia.

Para estos románticos -como Martínez- y Umberto Eco, quien acaba de firmar el bellísimo Nadie acabará con los libros , pasar los dedos por los lomos de su biblioteca es sentir la electricidad literaria de su contenido, algo muy distinto a la patadita de pilas AA, que ofrecen los dispositivos electrónicos.

Daniel Salzano dice que un verdadero escritor salta de la cama a las 3 am porque tiene algo para escribir, y se puede agregar que un lector puede quedarse despierto hasta la misma hora leyendo su último libro, Cincuenta de los grandes , siempre y cuando las hojas musicalicen el insomnio cuando pasan raspando la sábana.

23 de abril, día mundial. Para Salzano, Eco y Martínez, desde 1996 Unesco impulsa el 23 de abril como el Día Mundial del Libro, y los derechos de autor, con el objetivo de fomentar la cultura.

La elección de la fecha se fundamenta en la supuesta coincidencia de los fallecimientos de Cervantes, Shakesperare y el Inca Garcilaso de la Vega, en 1616. Sin embargo, investigaciones más rigurosas señalan que estas muertes no coincidirían precisamente.

Emerge una segunda causa más popular y romántica: en Cataluña se celebra el día de Sant Jordi, o San Jorge, una combinación de amor, tradición y literatura. Esta fecha, similar al día de los enamorados, impone a los amantes intercambiar rosas rojas -para las mujeres (un símbolo de la sangre del dragón valientemente ajusticiado por San Jorge para salvar la princesa)-, y libros para los caballeros, metáfora de la escritura de la historia. Barcelona se viste de fiesta propia, en cierta medida comienza la primavera, mientras las industrias editoriales florecen otra vez.

Libros de libros. La Sombra del viento (2001), un best-seller , también catalán, de Carlos Ruiz Zafón es una increíble espiral de libros y bibliotecas. Se ha transformado (justamente) en la novela más leída, traducida y vendida de la historia del español. Disponible en cincuenta idiomas, acusa 10 millones de ejemplares comprados y nuevas ediciones para 2010 ($ 95, www.lasombradelviento.net.)

Nadie acabará con los libros , (2010) un diálogo entre Umberto Eco y Jean-Claude Carriere transformado en libro que incluye sus pareceres sobre las nuevas pieles de los libros. Virtuales, u objetuales, la escritura, y otros productos intelectuales son el eje del ensayo. La conversación no se priva de ironías, sutilezas y genialidades.