La lección de Neruda
Las calamidades urbanas nos tienen tan inflados que nos quedamos sin ojos para reconocer lo bueno y posible. Rosa Bertino.
Pablo Neruda recomendaba darse "un baño de tumba, de cuando en cuando y a lo lejos". Uno puede discrepar en varias cosas con el vate chileno, incluso en poesía, pero esa le salió redonda y hermosa. Se titula "No tan alto" y describe la propensión al bronce, a creernos más que el resto. "Hemos crecido tanto / que ahora hay que darse un baño de tumba y / desde la tierra cerrada / mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar / se aprende a ser".Neruda aludía de modo específico a los intelectuales que se inflan como globos y después no conocen ni saludan a nadie, empezando por los del barrio. Sin embargo, la moraleja es válida para todos. Las calamidades urbanas nos tienen tan inflados que nos quedamos sin ojos para reconocer lo bueno y posible. Además, hace rato que optamos por distanciarnos, desde lo físico y anímico, en vez de salir a defender nuestros espacios.
Cinturón. A Alejandro Rozitchner le gusta discurrir al respecto. Es un filósofo argentino con el cual seguramente uno puede discrepar más que con Neruda. Pero en algo tiene razón: no se puede vivir machacando qué mal estamos con este presidente, este intendente, estos políticos. Con participar de las reuniones de padres, de la cooperadora, del consorcio o centro vecinal, haríamos más y mejor política que muchos legisladores y funcionarios.Aunque suena a onda "paz, amor y aloe vera", no viene mal darse un bañito de tierra y apreciar los cambios sucedidos en, por ejemplo, el conurbano cordobés. Los kilómetros que circunvalan la ciudad están más limpios y presentables que un tiempo atrás. Por favor, no esperen que uno diga esto para ir y volver a ensuciar. Las montañas de chatarra siguen incólumes, pero algún día serán tuercas y bulones... o algún artista se decidirá a intervenirlas.Mirá, mirate. Los fines de semana ofrecen espectáculos gratis. Sólo hay que saber mirar. Por Interfábricas y en la zona de los nuevos barrios periféricos, prosperan los "campitos". Todos los domingos se juegan partidos. Los futbolistas suelen ser niños y adolescentes a los que da gusto ver correr con tanta rapidez y destreza. Se junta muchísima gente, que arriba en chatas, camiones y ómnibus fuera de servicio. Pasando la circunvalación y yendo para las sierras, empiezan a verse sulkys, caballos y jinetes de todas las edades. Están para la foto y para el orgullo nacional. Por Monte Cristo, Malagueño o Mendiolaza, los viejos juegan a las bochas a la vera del camino y suena el griterío. Otra pinturita. Se ven ferias y cambalaches improvisados y hay que tener más temple que un cruzado para resistirse al pan casero. Todo esto sin contar a los que hacen picnic, juegan a las cartas, remontan barriletes, hacen picaditos o miran caer la tarde cerca del Chateau.Después de darse semejante chapuzón visual, uno tiene para adentrarse en la ciudad y resistir una semana o un mes más.

