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La droga y la gente

¿Qué hay que hacer para solucionar el problema de la droga? Ya ni pretendemos eso. Sólo pedimos que no empeore. Rosa Bertino.

10 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
La droga  y la gente

Al menos en Córdoba, cuando se habla de “televisión” no se habla de Tinelli. El grueso de la opinión pública prefiere temas socio-policiales que han visto de cerca, o en pantalla. Amarga satisfacción nos depara un medio convertido, como dijera Botafogo, en un “festival de culos”.

La maldita realidad le ganó a la pavada.

Días atrás, la despensa y el quiosco eran un hervidero de gente. La repentina derivación, en el caso de la chiquita ahorcada en barrio Müller, cuyo victimario tiene 14 años , los tenía sobre ascuas. “El trasfondo ¡era la droga!”, sentenció un hombre canoso. Un grupito comentaba la investigación expuesta por ADN (domingos, por el 10) y otro confirmaba haberla leído en la prensa. “Si salió en el diario, es cierto”, concluyó el diariero, cuyo negocio consiste en vender papel y no aire.

Muy “cancheros”, varios clientes de la pollería intercambiaron información acerca de dónde y quién vende mejor “merca” en Comercial, Bella Vista, Villa Páez o “Colombia” Lola. “Ah, claro, nosotros somos los ‘reos’. Pero, ¿quiénes vienen a comprar? Si la mejor clientela es la del Cerro, de los countries, Nueva Córdoba, los bolicheros”, reaccionó un morochito que vive en la zona.

Combatir. Tiene razón el joven. Es injusto estigmatizar a ciertos barrios, dado que infiernillos hay en todas partes. El término no significa "pequeño infierno", aunque en eso termina convirtiéndolos la droga. Etimológicamente, es el hornito donde se "cocinan" las sustancias.

Por enésima vez: ¿qué hay que hacer para encontrar solución al problema? Ya ni eso pretendemos. Sólo pedimos que no empeore. La charla dejó claro que muchísima gente se droga; que ni siquiera les parece mal y que el resto calla y otorga. A grandes rasgos, este mundo se divide en clientes comunes, adictos y proveedores.

Una línea de pensamiento sostiene que lo que hay que combatir es el narcotráfico, para lo cual hacen falta “políticas de Estado”. ¿Ah, sí? No diga. Para salvarse de reclamos, las oficinas gubernamentales tienen la astucia de aclarar que lo suyo “es prevención”. En estos 10 años, por poner una fecha, ¿qué han prevenido?

Tentáculos. El Centro Nelson Mandela encontró que la mitad de los policías en el Chaco son indigentes. En Córdoba, no es para tanto, pero se puede deducir que pocos estarán dispuestos a arriesgar la vida combatiendo mafias.

Muchos sostienen que, blanqueando el consumo, el tráfico no tendría razón de ser. En una entrevista por CNN, el presidente azteca, Felipe Calderón, lo dijo bien clarito: “Es inútil debatir la legalización de la droga (en México), si antes no la legaliza EE.UU. y aborda el problema del narcotráfico”. Hace ya un lustro, Brasil admitió el “fracaso de la política antidrogas en Latinoamérica”. El tentáculo más fuerte une pobreza con riqueza. Unos son dealers y mueren por centavos; otros se surten “de la buena” y son intocables. En el medio, estamos todos los demás.