La construcción de una relación estratégica
¿Hasta dónde llegan los supuestos roces entre Brasil y Estados Unidos?
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, visitó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva para, entre otras cosas, conseguir el apoyo de Brasil en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a la iniciativa de imponer sanciones más estrictas a Irán, en respuesta al plan nuclear de este último. Lula se adelantó al mensaje de la secretaria antes de que ambos se encontraran, al opinar que no sería prudente poner a Irán contra la pared. La disputa resaltó la voluntad y capacidad de Brasil de ubicarse en un rol mundial independiente, no necesariamente antagónico a los Estados Unidos, pero tampoco subordinado a Washington. Con sus inmensos desafíos, Brasil es un país crecientemente exitoso e influyente. Ha abierto la mayor parte de su economía a la competencia internacional; ha modernizado su vasto sector agrícola; ha desarrollado industrias con mercados continentales y aún mundiales; y ha expandido la competitividad de su ingeniería, las finanzas y otros servicios. Brasil ha fortalecido también tanto al Estado como a las instituciones no gubernamentales. Ha conseguido un mayor nivel de previsibilidad, es decir, estabilidad de expectativas respecto de las reglas del juego y sobre los procesos establecidos por medio de los cuales esas reglas podrían ser alteradas. Y ha forjado un consenso centrista en el marco de la macroeconomía y las políticas sociales, inclusive la necesidad imperiosa de reducir las inequidades y aliviar la extrema pobreza, para continuar expandiendo su clase media y mejorar la calidad de la educación y el acceso a ella a todos los niveles. Brasil juega un rol creciente en las negociaciones internacionales sobre comercio, cambio climático, medio ambiente, salud pública, seguridad alimentaria y propiedad intelectual. Es un líder activo del sur global y trabaja muy cerca de China, India y Sudáfrica en diferentes materias. Es, también, parte del influyente grupo de países llamado Bric (Brasil, Rusia, India y China), los mimados de inversores internacionales y analistas geopolíticos. Brasil está desarrollando sus vínculos con muchos otros países alrededor del mundo, incluso Irán, y es aun más activo en las Naciones Unidas, el Grupo de los 20 y otros foros multilaterales. Roces y diferencias. Recientemente han surgido comentarios acerca de supuestos roces entre Brasil y Estados Unidos. Los dos gobiernos tienen, de hecho, notables diferencias, más allá del desacuerdo sobre las sanciones a Irán. Tuvieron perspectivas antagónicas respecto del manejo de la crisis en Honduras, debido a que Brasil consideró que la voluntad de Washington de aceptar como legítimos los resultados de las elecciones llevadas a cabo por el régimen de facto de Roberto Micheletti fue equivalente, o casi, a validar el golpe anticonstitucional. Brasil también cuestionó y criticó el acuerdo por las bases colombianas cedidas a control estadounidense. Esas diferencias quizá deberían ser previstas entre grandes países con intereses diversos, en los cuales la política exterior de cada uno inevitablemente se ve afectada por urgencias políticas internas. Bien puede ocurrir que terminen convertidas en diferencias menores, quizá menos importantes en la práctica que otras disputas más mundanas y duraderas, como las referidas a las tarifas del jugo de naranja, el acero y el etanol, las restricciones a las transferencias de ciertas tecnologías y los subsidios a los productores estadounidenses de algodón y de maíz. Sin embargo, todos estos conflictos, ya se encuadren en la alta política o en los compromisos de rutina, necesitan ser manejados con sensibilidad y una comunicación respetuosa, para superar un legado de presunción paternalista que interfiera en la cooperación sobre cuestiones más importantes. El desafío fundamental de las relaciones entre Estados Unidos y Brasil es construir una mayor sinergia respecto de los más grandes retos mundiales: fortalecer regímenes globales para el comercio, las finanzas y las inversiones; prevenir y responder a las pandemias, disminuir la proliferación nuclear y reformar los estatutos o acuerdos de gobierno internacional. En todos estos asuntos, tanto Brasil como Estados Unidos tienen mucho en juego. Sus intereses no son idénticos pero sí potencialmente compatibles. Oportunidades para trabajar en conjunto en esta agenda, en toda América y más allá, deberían ser activa y consistentemente perseguidas como máxima prioridad. Ahora que el embajador Thomas Shannon, uno de los diplomáticos norteamericanos más talentosos, llegó finalmente a Brasil después de que su confirmación fuera mantenida en suspenso durante meses por riñas partidarias en Washington, debería concentrarse en ayudar a construir una relación estratégica que reconozca y respete el rol y las aspiraciones de Brasil, que modere las fricciones innecesarias y se focalice estrictamente en cómo fortalecer las iniciativas de cooperación. Y Brasil debería invertir de la misma manera en hacer lo suyo, porque una relación sólida y eficiente con los Estados Unidos va a redituar mucho más a Brasil que un acercamiento a Irán.

