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Hagamos memoria

El 19 de abril de 1943, el ejército nazi irrumpió en el gueto de Varsovia decidido a terminar con la resistencia judía.

17 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
Hagamos memoria

El 19 de abril de 1943, el ejército nazi irrumpió en el gueto de Varsovia decidido a terminar con la resistencia judía.

¿Qué es un gueto? Una judería marginada dentro de una ciudad. El de Varsovia encerraba, tras su cerco perimetral, a unos 400 mil judíos antes de que comenzaran las deportaciones masivas hacia los campos y antes de que el hambre, las enfermedades y la desesperación se encargaran de los que todavía estaban confinados allí.

A principios de 1943, ante la inminencia de un nuevo traslado, los judíos tomaron la heroica decisión de resistir: se organizaron para pelear, aunque la diferencia de fuerza era abismal. Los nazis ingresaron resueltos a todo: incendiaron cuanta casa y edificio había; asesinaron a cuanto judío vieron; y destruyeron el templo, como un símbolo de que habían concluido su trabajo.

Varsovia es a los guetos lo que Auschwitz a los campos de concentración. Dos nombres emblemáticos de un horror sin par. Si hasta se puede tomar la destrucción del gueto de Varsovia y el consiguiente exterminio de los judíos polacos como la primera fase de la "Solución Final" que tiene a Auschwitz como pieza fundamental.

Todo lo que ellos implican debería estar siempre presente en toda la humanidad. Tal vez alguien debería proponer un feriado mundial para que exista un día en que todo el mundo detenga sus actividades cotidianas y se dedique a "hacer memoria": eso es, en esencia, una conmemoración.

Se me dirá que ya existe, que es el Día del Holocausto. En ese caso, pregunto: ¿en cuántos países del mundo es feriado?

Hoy, que la memoria se ha vuelto un tópico importante para todas las ciencias sociales, y que en muchos países se erigen "sitios de la memoria", vale reflexionar sobre esto.

Porque, como ha escrito Dominick LaCapra en Historia y memoria después de Auschwitz (Prometeo, 2009), acontecimientos traumáticos como el Holocausto afectan no sólo a las víctimas, a sus victimarios, a los colaboracionistas, a los testigos y a los resistentes, sino también a todos aquellos sujetos que hemos nacidos a posteriori.

Esa memoria no puede ser otra cosa que una elaboración del pasado que nos permita transitar el presente y proyectarnos al futuro, lo que es posible -advierte LaCapra- relacionando "el conocimiento y la crítica inmanente con la trascendencia situacional del pasado".

En consecuencia, debemos conocer y recordar lo que pasó. Y para ello contamos con la historia y la memoria, que, acaso valga aclararlo, no son lo mismo, sino dos polos unidos por una serie de tensiones; por ejemplo, las que se establecen entre las memorias individuales y/o sociales y las fuentes documentales. Pero en todos los casos, como señala LaCapra, "aun con sus falsificaciones, represiones, desplazamientos y negaciones, la memoria puede llegar a ser informativa".

Sólo si somos capaces de hacer memoria, entonces, podremos procesar el acontecimiento traumático y ser lo que la memoria -y no el trauma- haya hecho de nosotros.