Ex Puma le da pelea al trastorno bipolar
El ex rugbier del Tala y Los Pumas, Enrique "Topo" Rodríguez, hoy lucha en la cancha de las alteraciones del ánimo / El diagnóstico tardó ocho años en llegar / Él recuperó la calidad de vida con medicación y terapia, y alerta sobre la enfermedad desde una fundación.
El día después del retiro de un deportista de alta competencia, no parece ser el mejor momento para hombres y mujeres jóvenes que han dedicado buena parte de su vida a entrenar intensamente y, en muchos casos, a codearse con el éxito, la fortuna y la fama. En general, implica un paso tan ineludible como traumático, que acarrea secuelas emocionales y psicológicas, en ciertos casos graves.Quien no pudo escapar a los efectos negativos que trae aparejado el abandono del deporte, al punto que trastornó severamente su vida, fue el jugador de mayor trascendencia que dio el rugby cordobés. Se trata de Enrique "Topo" Rodríguez, superdotado en lo físico y con un gran dominio técnico, quien militó en Universidad Nacional de Córdoba, El Tala, en el seleccionado de Córdoba, en Los Pumas (15 partidos) y en el seleccionado australiano, los Wallabies, con los que salió subcampeón en el primer mundial del año '87. Entrar al infierno. Ese mismo año "el Topo" dejó el rugby, y al poco tiempo comenzó a sufrir severos episodios depresivos de hasta seis meses de duración, que convirtieron su vida en un infierno."Es muy posible que el retiro y el haber parado la ejercitación, hayan desencadenado algo que estaba latente. No obstante, esta teoría no es concluyente. Nunca antes había padecido ningún episodio ni marcados cambios de conducta (al menos que yo recuerde). A lo sumo, tuve bajones de 24 horas y listo", asegura el ex Puma cuando recuerda cómo se desencadenaron las cosas.Por último, y luego de ocho años de padecimientos y de ignorar con lo que tenía que convivir, sobrevino el primer diagnóstico: sufría trastorno bipolar, lo que fue confirmado con un segundo estudio del año 2004 que dio trastorno bipolar tipo II.La bipolaridad se da cuando una persona alterna, con cierta frecuencia, entre períodos de depresión y euforia, que van más allá de los vaivenes normales del ánimo. Es una enfermedad psíquica que afecta al 3 por ciento de la población mundial y, tal como lo muestra la experiencia de "Topo", el diagnóstico es complicado, ya que los pacientes pasan, en promedio, 10 años sin saber qué tienen y consultan con varios psiquiatras hasta que alguien da en la tecla.Para ayudar a otros. Con el diagnóstico confirmado, renació en aquel hombre que había pasado los 50 años, el espíritu del rugbier que se había ganado el apodo de "Topo" por escarbar pelotas en los scrums, aunque esta vez comenzó a investigar para conocer sobre la enfermedad que padecía."Mi gran cambio de actitud arrancó en 2004 cuando se me despertó un interés inusual en informarme sobre trastornos bipolares y salud mental, investigando libros y toda literatura científica. Al mismo tiempo, comencé a consultar y compartir información con otros pacientes y consumidores de salud mental", asegura.A esto se suma "el intercambio información y opiniones con profesionales y gente muy relacionada con la 'industria' de la salud mental", afirma el ex pilar.Por último, y como producto de este interés, "el Topo" fue uno de los creadores en 2007 en Australia, de la Topo Foundation for Education (TF4E), que le permite viajar por el mundo dando lucha al trastorno bipolar.A través de charlas y conferencias relata su experiencia y cómo enfrentar la enfermedad a quienes también la padecen. Con este objetivo, su próximo destino es Córdoba. La vida, otra vez. A los 57 años, el ex Tala y ex Wallabie vive con medicación, terapia y un estricto control de la "sobreestimulación" del cerebro (con música, luz, ruidos, alcohol, comida, drogas, falta de sueño, gente tóxica). Y por supuesto, dedica todas sus energías a la fundación. "Soy uno de los fundadores y también empleado. Si tenemos plata se me paga un sueldo, pero hace 18 meses que no cobro por falta de fondos. Entonces, me conformo con ser un filántropo pobre", finaliza.La idea que sostiene la fundación es que los pacientes desempeñen un rol protagónico en su recuperación y en el mantenimiento de su equilibrio mental. Para ello, se promueve una actitud activa para que desarrollen una relación simétrica con los profesionales que los tratan, en la que el paciente toma decisiones y se hace responsable por su conducta y bienestar psicofísico.
Cuáles son los síntomas
En la fase maníaca, agitación o irritación; hiperactividad; incremento de la energía; falta de autocontrol; pensamientos apresurados; autoestima elevada; poca necesidad de sueño; compromiso exagerado en las actividades; control deficiente del temperamentoTambién pueden aparecer comportamientos imprudentes (excesos en la comida, bebida o sustancias; deterioro de la capacidad de discernimiento; promiscuidad sexual; gastos exagerados);tendencia a distraerse fácilmente.En la fase depresiva, dificultad para concentrarse, recordar o tomar decisiones; trastornos en la alimentación (pérdida del apetito y de peso, o bien consumo exagerado de alimentos y aumento de peso); fatiga y desgano.Otros signos en esta etapa son sentimiento de desesperanza, culpa y falta de valor; pérdida de la autoestima; tristeza permanente; pensamientos frecuentes sobre la muerte; trastornos del sueño; pensamientos suicidas; apatía; aislamiento. Fuente: Medline Plus

