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El tímido, el teólogo, el polémico

Joseph Ratzinger se apartó de sus postulados progresistas y se convirtió en un guardián de la ortodoxia.

18 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El tímido, el teólogo, el polémico

El carácter es ese sello que nos identifica y diferencia, producto de lo innato en la naturaleza del hombre y del aprendizaje social. Dicen que el carácter tímido y retraído del Papa se debe, en gran parte, a que su padre, un oficial de policía, fue su profesor hasta que ingresó en el seminario, a los 11 años.

Dicen que las constantes mudanzas de la familia Ratzinger por el cargo que ocupaba Joseph padre también influyeron en la forma de ser del futuro Papa.

Dicen que cuando tenía cinco años, Joseph hijo formó parte de una comitiva de chicos que le dio la bienvenida al cardenal arzobispo de Munich y que quedó tan impresionado por el visitante que más tarde anunció a su familia que quería ser como ese hombre.

Lo que no da lugar a dichos ni especulaciones es que Joseph Alois Ratzinger, quien después adoptaría el nombre de Benedicto XVI, nació el 16 de abril de 1927 en Marktl am Inn, un pequeño poblado de Baviera, en el sudeste de Alemania, muy cerca de la frontera con Austria; que creció en el seno de una familia de agricultores alemanes muy católicos; que el papel de su madre, Maria Peintner, de origen italiano, fue clave en la crianza del futuro Papa y de sus otros dos hijos, Georg y Maria.

Un suceso en la infancia de Joseph lo marcaría de por vida. Después de ingresar en el seminario, en 1941 fue obligado a inscribirse en las Juventudes Hitlerianas y en 1943 combatió en la Segunda Guerra Mundial como integrante de una unidad antiaérea. Dicen que terminado el conflicto bélico, manifestó: "Reniego de aquel reino del ateísmo y de la mentira que fue el nazismo". Aun hoy, su papel en la guerra hiere susceptibilidades judías.

De profesor a Papa. Entre 1946 y 1951 Joseph Ratzinger estudió teología católica y filosofía en el ateneo de Munich y en la escuela superior de Freising, hasta que en junio de 1951 fue ordenado sacerdote. Su hermano Georg Ratzinger, cuatro años mayor que él, también se convirtió en sacerdote ese día. Aún vive. Su hermana, Maria Ratzinger, nunca se casó y administró la casa del cardenal Ratzinger hasta su muerte, en 1991.

En 1959, Joseph comenzó a dar clases de teología en distintos seminarios de Alemania. Sus primeras posturas eran calificadas de progresistas, una posición que cambiaría a lo largo de su vida.

Tras el Concilio Vaticano II, que se celebró entre 1962 y 1965, Ratzinger se erigió en uno de los teólogos de referencia. Tenía 35 años. Asistió a las cuatro sesiones del concilio en calidad de consejero teológico del cardenal Josef Frings de Colonia. Allí defendió, entre otras cosas, el Nostra Aetate, el documento que habla sobre el respeto hacia otras religiones, el ecumenismo y la declaración del derecho de libertad religiosa.

El 24 de marzo de 1977, fue consagrado arzobispo de Munich y Frisinga, y el 27 de junio, Pablo VI lo nombró cardenal. Al año siguiente, asistió al cónclave que nombró Papa a Karol Wojtyla, de quien se convertiría en mano derecha.

Simultáneamente, su fulgor empezó a apagarse entre los aperturistas. Más aún cuando, en 1981, Juan Pablo II lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, institución que sucede al nefasto Santo Oficio.

A esa altura ya se había apartado de forma definitiva de sus postulados progresistas. Se había convertido en un guardián de la ortodoxia.

Esa actitud fue, tal vez, la que más pesó a la hora de ser elegido, hace casi cinco años y en uno de los cónclaves más numerosos y breves de la historia, como el sucesor de Juan Pablo II.

Dicen que Ratzinger deseaba retirarse pacíficamente y que le había pedido a Dios que no lo eligieran. Dicen.