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El placer es imprescindible para la vida

Marcos Aguinis presenta este miércoles en Córdoba "Elogio del placer", su nuevo libro. Se trata de un ensayo no académico que apuesta a la complicidad del lector.

11 de abril de 2010 a las 12:00 a. m.
Rogelio Demarchi (especial)
El placer es imprescindible para la vida

El año pasado, Marcos Aguinis ocupó el centro de la escena con un libro político, !Pobre patria mía! , claramente antikirchnerista, con el que protagonizó un par de polémicas memorables.

Ahora llega a las librerías Elogio del placer (Sudamericana), un ensayo apto para todo público que toma distancia del academicismo y aborda el tema desde muy diferentes ángulos y desde una posición bastante lúdica que le permite mezclar fuentes eruditas con chistes que circulan en cadenas de correos electrónicos y oportunas anécdotas autobiográficas.

Es que el texto se estructura alrededor de un curioso recurso narrativo: la construcción de una voz que, con un tono imperativo, le explica a Aguinis por qué tiene que escribir el libro.

Según el autor, "esta construcción narrativa, en la que un duende me habla, dicta, acosa y obliga a ser su amanuense, deriva de la complejidad del tema. El placer es un motor difícil de definir y acotar. Con este recurso logro esquivar la obligación de redactar un tratado exhaustivo y pesado. Además, genero la curiosidad y hasta la complicidad del lector. Abordo el tema desde muchos ángulos, pero sin pretensiones exageradas".

-Podría decirse que leemos no lo que escribe Aguinis sobre el placer sino los argumentos con los cuales Aguinis le fundamenta a Aguinis que tiene que escribir un libro sobre el placer.

-Exacto. Cuando empezaron a leer el manuscrito en la editorial, se preguntaron quién era el autor. Aunque puedo ilusionarme con evitar acusaciones por haber escrito sobre lo que no deseaba escribir, es obvio que todo el texto sale de mi sangre y de mi mente. Ignoro si esta técnica es absolutamente original. Supongo que no. Los autores a menudo desarrollamos parrafadas que brotan de una profundidad que no manejamos del todo.

-Usted ha ejercido el psicoanálisis. Ese "segundo Aguinis" que aparece en el texto, ¿deberíamos relacionarlo con el Superyó o con el Ello? Porque es muy imperativo, pero al mismo tiempo nos remite al placer.

-Funcionan el Ello, el Yo y el Superyó. Incluso muestro algunas de mis resistencias, como sucede cuando la sonda llega a pozos del inconsciente. A esta altura de mi vida y mi carrera ya tengo derecho a soltarme más. Pese a los riesgos. ¿No le parece?

-En su primera etapa, el libro relaciona placer con religión. Se dice que el pecado indica un placer, que donde hay placer hay pecado... Y las religiones monoteístas tienen un claro problema con el placer.

-La antigüedad greco-latina fue más permisiva con el placer que las religiones monoteístas. Pero tenían sus propios límites. Por ejemplo, las bacanales o fiestas dionisiacas, que ocurrían en determinados períodos del año. No todo era lícito, ni menos todo el tiempo. Es curioso, sin embargo, que esas liberaciones dionisiacas fueran recreadas en Occidente con el Carnaval. El judaísmo tiene un equivalente en la fiesta de Purim. Y el islam describe el Paraíso como el más refocilarte jardín de las delicias. En otras palabras, con sus más y sus menos, el placer no deja de hacerse oír.

-Ahora, hacia el final del libro, señala que hoy la ortodoxia extremista de las religiones lucha contra el eclecticismo en el que vivimos: mezclamos creencias y ciencia, cultos oficiales y cultos populares, etcétera, siempre y cuando la mezcla nos aproxime a la felicidad y al placer. En ese sentido, ese eclecticismo sería un argumento para defender un individualismo bien entendido.

-Es cierto. El eclecticismo bien entendido lleva a jerarquizar los derechos individuales. Estos derechos son una conquista extraordinaria de la civilización. Cada ser humano es sagrado y esa sacralidad debe manifestarse mediante el derecho a elegir y hacer todo lo que surge de su individualidad, siempre que no dañe a sus congéneres. Ahí también se pueden encontrar diferencias entre las culturas. Aunque toda cultura es respetable, algunas no pasaron aún de un nivel primario: son las que no respetan los derechos individuales. Por ejemplo, matar en nombre de ideologías o religiones, oprimir a la mujer, etc.

-Un puente de plata entre ambos sectores del libro es la reivindicación de Epicuro. ¿Por qué la felicidad es un placer estable? ¿Por qué el placer es el objetivo de la vida? Parecen preguntas de perogrullo y sin embargo...

-Epicuro es un grande de la filosofía que fue calumniado y deformado groseramente. Le dedico un capítulo para reivindicar su lúcido pensamiento. Cuando era joven, en Córdoba mis maestros y profesores me enseñaron a despreciarlo. !Qué error! El placer, como decía Epicuro y otros grandes visionarios, es imprescindible para la vida, no sólo humana sino zoológica y vegetal.