El librero del año
Rubén Goldberg es toda una referencia para los lectores de Córdoba. Su relación con ellos se basa en escucharlos, y después aconsejarlos.
-¿En qué consiste el premio que te concedió la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires?
-Es un reconocimiento como librero del año que hacen los editores, no es una elección de libreros. Está ligado a lo comercial, no podemos negar esa realidad.
-¿Cómo fue la elección?
-No lo sé, pero uno de esos editores que conozco desde hace mucho tiempo me dijo: "Por fin, esta vez se equivocaron y se lo dieron a alguien que se lo merecía". Y me contó que fue muy fácil. Se tiró mi nombre y desde el principio, nadie se opuso y así quedó.
-Es muy lindo.
-Sí, muy bonito, que los porteños miren al interior me parece un logro importante. Me parece una cosa positiva para Córdoba. Bueno, qué pretensión, tampoco es para tanto, pero me siento así.
-Te ha conmovido, sin duda.
-Me ha puesto muy feliz este premio. Me puse a pensar que uno vive de lo que le gusta, trabaja en lo que le gusta. No es fácil. Hemos tenido suerte.
-Será porque sos una buena persona...
-Mirá lo que pasó el otro día: me llama la viuda de Tomás Di Toffino, dirigente de Luz y Fuerza junto con Tosco. Me dijo: "Yo no lo conozco en la intimidad pero no sabe lo bien que me siento y lo orgullosa que estoy porque le dieron este premio". También Delia Beltrán, ex directora del Manuel Belgrano, estaba emocionada.
-El periodismo es todo un tema para vos.
-Claro, estuve muy cerca de optar por el periodismo. Me decidí por la librería, pero son vidas paralelas y creo que son perfectas.
-O sea que hubo que elegir pero sin renuncias.
-Algo de eso, dos pasiones que pueden seguir conviviendo. Tuve la suerte de estar en esa redacción del Córdoba que, creo, fue irrepetible.
-Allí había muchos estudiantes de letras y otras ciencias sociales, pero también de abogacía...
-Claro, es el caso de Luis Reinaudi. O de César Arese, que ahora es camarista. Era un grupo muy especial.
-Luego vino La Voz del Interior.
-A La Voz entré en 1980 porque vos te fuiste al Mundialito de Uruguay. Después me ofrecieron incorporarme a la sección Política. Dije que no y enseguida opté por la librería.
-¿Cómo hacés para acordarte de los libros que tenés y de los que no tenés en tu librería?
-Es un ejercicio. Por suerte, tengo una memoria de elefante, sobre todo visual. También un aprendizaje y lo hice en Paideia, con Bernardo.
-¿Qué edad tenías cuando empezaste a trabajar en Paideia?
-19 años. Bernardo tenía dos librerías y finalmente se quedó con la que estaba en la calle Deán Funes. Ahí empecé a trabajar en 1964.
-La dictadura te agarró trabajando ahí, pegado al Cabildo...
-Exactamente. El sábado posterior al golpe hubo un allanamiento del Ejército. Pero no se llevaron ni un libro.
-Bernardo era tu tío, ¿no?
-Así es, hermano de mi madre. Todo lo aprendí de él. Hay que reconocer que Córdoba tiene una tradición de buenos libreros,
-Y de ladrones de libros.
-Si, pero con una diferencia. Antes los robaban para leerlos. Ahora, para venderlos.
-Vos te independizaste de Paideia en 1978.
-Sí, en setiembre. Tenía dudas con el nombre. Hasta que mi madre me dijo: Si a vos te conocen por Rubén, ¿cómo querés ponerle a la librería?
-¿Dónde estaba?
-En el pasaje Central, primero en un quiosco y luego en un local más grande que salía a 9 de Julio. En 1988/89 me vine para acá.
-Tenían clientes que sacaban libros y pagaban después, ¿no?
-Con Bernardo ya lo hacíamos y acá lo hemos continuado.
-¿Creés que Internet puede llegar a matar el libro?
-No creo. Internet va a tomar, y de hecho lo está haciendo, un lector. Pero hay otro que no. Hace 10 años me atreví a decir que una computadora no se puede llevar a la cama. Ahora, con el libro digital, ya se puede. Igual, no creo que mate al libro. Al menos no en esta generación ni en la que viene.
-Para ser un librero exitoso, hay que vender.
-Yo no soy un librero exitoso.
-Bueno, yo digo que sí, en el sentido de que éste es un lugar reconocido, con trayectoria, con cierto estilo.
-En ese sentido sí, no en el económico. Tengo que agradecer todos los e-mails que he recibido por el premio que me dieron en la Feria del Libro. De gente en China, España, Italia, Suiza.
-Tienen un buen recuerdo.
-Es lo que trato de privilegiar. Cuando me pregunto qué quiero ser, me contesto: una buena persona. Y los libros me ayudan. A partir del libro se establece un vínculo de mucho afecto con la gente.
-De vez en cuando, se juntan algunos personajes en tu librería.
-Sí, felizmente.
-¿Te seguís llevando libros para leer a tu casa?
-Sí, durante la semana no tengo mucho tiempo. Pero el sábado me voy de acá a las 3 de la tarde y hasta el lunes a la mañana no salgo de mi casa.
-O sea, para ser el librero del año hay que trabajar...
-Puedo no conocer algún libro si me lo piden, pero no puedo estar desinformado. Si me preguntan cuándo llega el nuevo libro de Pérez Reverte no puedo contestar con: ¿Así que Pérez Reverte sacó un nuevo libro?
-Nunca te escuché decir eso.
-Siempre tengo información que darles a mis lectores. Con las mujeres que vienen a la librería también hay una relación muy linda.
-Cuidado con lo que vas a decir.
-Es que las mujeres son buenas lectoras, me sorprende la lectura que hacen de ciertos libros.
-Buscaste un equilibrio en lo que ofrecés, tratando de tener algunos "best sellers" pero también otros.
-Si hablás de esos best sellers que se venden de a miles, no tengo. Por ejemplo, no tengo libros de autoayuda.
-Pero a Stieg Larsson sí lo tenés...
-Pero sus novelas están bien escritas. Siempre le pregunto al lector: ¿Usted qué quiere? ¿Un libro para distraerse o para pensar? Y hay gente que dice que no quiere pensar. No le voy a recomendar un libro de John Berger.
-Cubrís un espectro amplio...
-Tengo una selección bastante grande de clásicos y todo lo que es literatura. Lo tengo a Paulo Coelho, que vende millones en todo el mundo. Pero no va a estar en la pila de la librería.
-La pila se arma con una interacción...
-A la pila la elijo yo. En eso soy bastante arbitrario.

