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El genio satisfecho

En la costa amalfitana. Auditórium en Ravello (Italia), de Óscar Niemeyer.

27 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Magdalena Altieri (Especial)
El genio satisfecho
Hombre y naturaleza. Sobre el mar Tirreno, a 64 kilómetros de Nápoles, Ravello es una joya de la naturaleza, que suma ahora una obra maestra humana.

“Y me pongo a imaginar, satisfecho, esta plaza construida, digna –tal vez– de la ciudad de Ravello, una de las más bellas de Italia”, escribe el arquitecto brasileño Óscar  Niemeyer (nacido en Río de Janeiro, el 15 de diciembre de 1907), con su infinita modestia, en la justificación de su proyecto para el auditorio que se ha convertido en el máximo orgullo para este enclave de ensueño. Claro está, junto al majestuoso paisaje con el que la Madre Natura le ha privilegiado.

Después de una larguísima espera (72 meses para poder comenzar la obra, 40 meses de construcción y ocho sentencias de la Justicia italiana, por tratarse de un sitio protegido), finalmente, a fines de enero pasado se inauguró en Ravello el Auditórium "Óscar Niemeyer". Y obviamente, la ocasión fue una fiesta: tres días de música, danza y cine, con amplios espacios para el debate cultural, y un obligado homenaje a la carrera de Niemeyer.  Una idea, un sueño. La idea de confiar el proyecto del auditorio a Óscar Niemeyer se le ocurrió a Secondo Amalfitano, entonces intendente de la ciudad de Ravello, hablando con el periodista brasileño Roberto d'Avila en julio de 2000. Así empezó una sucesión de hechos, que llevó una gran ilusión a convertirse en realidad. Niemeyer, a quien su gran amigo Domenico de Masi hizo llegar la propuesta, recibió con entusiasmo y generosidad la propuesta, y trabajó intensamente durante 60 días en el concepto de la obra, como declaró él mismo a los medios brasileños.

Su idea era crear un complejo arquitectónico que no resulte excesivamente costoso, simple y audaz al mismo tiempo, capaz de introducir en el paisaje de Ravello una marca inconfundible, pero no disonante. Hasta el mínimo detalle. Al auditorio se accede a través de una plaza ovalada que permite gozar al mismo tiempo del increíble paisaje panorámico y del edificio. En la sala principal, el espacio destinado al público aprovecha el declive natural del terreno; tanto el escenario para la orquesta como el foyer son voladizos sobre el vacío, sin sostenes.

La perfección de los espectáculos musicales está asegurada gracias a un avanzado análisis acústico del ambiente, en el cual se han simulado con el máximo detalle tanto las geometrías de la sala, como los materiales de revestimiento interno. En particular, se produjo un sistema móvil de paneles reflectores en metacrilato ondulado, colocados sobre la cobertura de la platea y a los lados de la misma.

Un ojo de buey detrás de la orquesta, y el gran ventanal en el ingreso, permiten al público disfrutar del paisaje. El lado opuesto al ingreso, menos vidriado, protege al auditorio de las construcciones cercanas, y vista desde el exterior alude a las raíces históricas de la ciudad, recordando un yelmo medieval.

Simple pero impactante, los elementos del edificio se pueden resumir en: ingreso al auditorio, un gran salón abierto al paisaje, una pared curva y baja que crea el escenario, el parterre, y la cabina de proyección.

Quizá lo más llamativo del proyecto sea el ingreso, protegido con una cubierta de forma espectacular, para dar a la obra un aspecto innovador, y lograr el efecto sorpresa deseado.