El fondo, la forma, las fuentes
Se reaviva el debate sobre los alcances, el valor y la finalidad última de las leyes en una sociedad democrática. Marcelo Taborda.
La causa abierta en contra del juez Baltasar Garzón por presunto prevaricato, además de suscitar actos de protesta y derivar en una presentación ante la Justicia argentina en nombre de familiares de víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, reaviva debates sobre los alcances, el valor y la finalidad última de las leyes en una sociedad democrática.
Más allá de otras dos imputaciones contra el magistrado, los hechos que podrían sentar en el banquillo y acabar con la prestigiosa carrera del juez tienen que ver con su decisión de buscar hacer justicia y arrojar verdad donde otros no se atrevieron.
Entre quienes se vuelven contra Garzón, a veces por celos personales o por vendetta política, se esgrime un excesivo apego a las formas para endilgarle al magistrado que no respetó la amnistía dictada en España en 1977. Para ellos, esa norma -con la que se pretendió sellar cualquier vista al pasado- debe anteponerse a los legítimos derechos de las familias de más de 110 mil personas cuyos restos se hundieron en los campos de batalla, pero mucho más bajo décadas de oscurantismo.
Cuando Garzón ordenó detener en Londres a Augusto Pinochet en nombre de la jurisdicción universal en derechos humanos y de la imprescriptibilidad de crímenes de lesa humanidad, sentó un precedente que impulsaría procesos penales contra el ex dictador chileno en su propio país. Y cuando procesó al represor Adolfo Scilingo, generó un antecedente de peso para la derogación de las "leyes del perdón" en la Argentina.
Entonces, muchos le endilgaban que forjaba su fama a costa de dictadores caídos en desgracia y que nunca se atrevería a hacer justicia en España. Pero lo hizo, con el costo que ahora se ve.
La puja entre quienes se abroquelan en las formas y los que entienden que el derecho no debe anquilosarse si quiere resolver los conflictos por los que fue creado, se acentúa ante el caso Garzón y sus paradojas. Mientras, familias o descendientes de más de 110 mil víctimas esperan por una respuesta que quizá no llegue.

