El drama de la riqueza
El aumento de la población de las villas miseria en Buenos Aires es alarmante. Afortunadamente, hay funcionarios que explican claramente el fenómeno.
Un reciente informe del área de Desarrollo Social bonaerense indicó que hay dos millones de personas viviendo en 810 villas y asentamientos en 25 distritos del área metropolitana de Buenos Aires, con un crecimiento demográfico del 57,6 por ciento en el período comprendido entre 2001 y 2006. Si bien las cifras son angustiantes, por suerte apareció el gobernador Daniel Scioli para tranquilizar al país al sostener que semejante expansión "no está relacionada con el aumento de la pobreza" (sic).
La afirmación de Scioli, sorprendente y muy criticada, se basa sin embargo en una certeza sociológica que maneja su administración: millones de personas cansadas del confort y de una vida acomodada decidieron desde hace tiempo instalarse en las villas del conurbano siguiendo una tendencia, una moda, o simplemente en procura de un cambio radical de vida.
"Vivir en un country, en un barrio cerrado o en un edificio premium , rodeado de muros, alambradas, garitas y guardias, con gimnasios, saunas, piletas climatizadas, salones de fiesta y hasta canchas de golf a disposición, a la larga termina aburriendo y cansando. Salvo algún que otro asalto con toma de rehenes o algún crimen de difícil resolución, nada altera la vida de esta gente, que termina buscando formas de evadirse", asegura Juan Carlos Desatino, sociólogo de cabecera del ex motonauta. Según este asesor especializado, los países nórdicos que están a la cabeza en el índice de desarrollo humano entre los países del Primer Mundo son los que tienen tasas más altas de suicidio. "Si estos desdichados nórdicos tuvieran la posibilidad de mudarse de Oslo o Estocolmo a Villa Inflamable o La Cava, seguramente se librarían de tomar decisiones tan trágicamente extremas", agrega Desatino.
De acuerdo con la concepción de poblamiento villero de Scioli, quienes tienen más posibilidades de mudarse a las villas del conurbano y así evitar las duras consecuencias del aburrimiento vital (propio de las sociedades de consumo) son los miembros de las clases acomodadas del interior del país y de Paraguay, Bolivia, Perú y hasta Chile, que por una cuestión de cercanía geográfica cuentan con esa ventaja por encima de sus pares de clase europeos.
De todos modos, y a pesar de que quienes se mudan a las villas lo hacen buscando condiciones de vida extremas, Scioli contempla mejorar estos asentamientos para lo cual visitó un conglomerado de favelas en Río de Janeiro. "Hemos regresado con ideas muy buenas para aplicar. Promoveremos visitas de Madonna y en lo paisajístico (como acá no tenemos morros) vamos a crear montañas artificiales para asentar villas en sus laderas", señaló un allegado al Gobierno bonaerense.
Además, Scioli fue interiorizado sobre la construcción de 11 kilómetros de muros alrededor de las favelas prevista por el gobierno carioca para evitar que se vean durante los Juegos 2016, aunque estiman que la idea no será bien recibida en el conurbano. "Yo me vine a Villa Croqueta escapando de la asfixia de las tapias del Country Highland Park Pilar y no quiero que me construyan un muro", opinó ofuscadísima Monona Álzaga Goodgate, flamante residente del asentamiento.
Finalmente, y como para distenderse de este tema de aristas polémicas, le aconsejaron a Scioli introducirse en una cuestión más liviana. El gobernador hizo caso y opinó públicamente que le cree a Nicole Neumann, cuando asegura que fue asaltada por un grupo de duendes en un semáforo de Quilmes. El problema es que, justo en ese momento, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, consideraba que la versión de la modelo "era una mentira atroz", y la responsabilizaba de promover la sensación de inseguridad en la Argentina. Scioli amagó con convocar un referéndum para que la opinión pública defina si Nicole fue asaltada o no por los duendes, pero finalmente se llamó a silencio convencido de que en la Argentina hasta opinar sobre la forma de los ovnis genera controversia.

