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Don Doyero y el comienzo de clases

Cuando los alumnos se enfrascaron en la resolución del problema, la profesora descubrió a un chico que decidió resolverlo con un método nunca visto.

26 de febrero de 2010 a las 11:00 p. m.
Jorge Londero
Don Doyero y el comienzo de clases

Todos los años, al comenzar las clases, a las docentes les piden un diagnóstico a fin de planificar el año según el grupo de chicos que reciben, ya que no todos los cursos son iguales.

Hace más de una década, mi amiga Mercedes Pozo, una de las profesoras más queridas de Córdoba, decidió aplicar el siguiente problema para ver cómo estaban sus nuevos alumnos, a los que les explicó que no sólo quería la respuesta, sino también el método que usaban para llegar a obtener el resultado. El problema, hoy desactualizado en montos porque es de la época del uno a uno, era el siguiente:

“Recibo una herencia de $ 98 mil y decido comprar una casa de $ 35.715,30, más un auto de $ 12.787,45, más ropa por valor de $ 915,65 y algunos electrodomésticos ($ 1788,55). Además, me pagan el sueldo de $ 325,75 y el aguinaldo de $ 128,65; luego pago el gas ($ 27,28), la luz ($ 65,85) y el teléfono ($ 46,35) ¿Cuánta plata me queda para depositar en el banco?

La resolución requiere el uso de sumas y restas con decimales, nada grave o imposible de resolver por un alumno de tercer año.

Ya cuando todos entraron en ese tenso silencio de resolución, con la profe caminando entre los pasillos de los bancos para controlar que no copien o dicten, Mercedes descubre a uno de los chicos que, tras leer el problema, decide resolverlo mediante un método nunca antes visto por la docente. El chico trazó tres columnas verticales. En la primera puso “gano”, y en ella sumó en una cuenta corta todos los ingresos; en la segunda columna escribió “gasto”, y allí alistó todos los montos del egreso. En la tercera columna, sin título alguno, hizo una larga cuenta difícil de interpretar por la profesora, la que, movilizada por la curiosidad, le preguntó:

–¿Qué es la tercera lista? Ésta... la más larga.

–Los centavos –respondió el alumno, con naturalidad.

–¿Los centavos? ¿Cómo es eso?

–Mire, profe... acá sumé todo lo que gano, acá sume todo lo que gasto, acá abajo resté toooodo lo que gano y toooodo lo que gasto y acá esta el resultado final.

–¡Pero a eso le faltan los centavos! –replicó la profesora, al ver que el redondeo del alumno eliminaba la principal complicación del problema, que eran los decimales.

El chico la miró entusiasmado y con el mejor sentido práctico, le contestó:

–Pero, profe, si gane taaaaanto dinero, ¿Por qué me voy a preocupar por unos pocos centavos?

Desde entonces, Mercedes no incluye más dinero en sus problemas con decimales.