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"Dejemos el pesimismo para tiempos mejores"

El sacerdote santafesino desarrolló distintas actividades en Córdoba y no dejó de analizar los tiempos que vive la humanidad y la Iglesia Católica.

01 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Especial)
"Dejemos el pesimismo para tiempos mejores"
Visita de “lujo” para los católicos cordobeses. Mamerto Menapace desarrolló actividad religiosa condimentada con sus relatos y anécdotas (Ariel Carreras/LaVoz).

Cada visita suya es una fiesta. Anteayer, Fray Mamerto Menapace (68) desarrolló una intensa jornada en barrios Oña y Colón, donde charló con los vecinos y preparó sus corazones para la Pascua. Alrededor de 500 personas se agolparon en el Instituto San Pablo Apóstol, para escuchar sus cuentos y parábolas. Antes estuvo en la cárcel de Bouwer, llevando su bendición a las reclusas. En la parroquia de Oña presidió la mesa, y no dejó alfajorcito ni palmerita sin probar.

Nacido en Malabrigo, en pleno chaco santafesino, Menapace es un optimista incorregible y un gran conversador. Es la razón por la cual tiene tanto público, y chicos y grandes hacen cola para fotografiarse con él. Cada tanto forma dupla con algún humorista, como Luis Landriscina o José Luis Serrano (Doña Jovita), y le sacan el jugo a su mística campestre.

El noveno de 13 hermanos Menapace tomó los hábitos en 1966 y desde 1980 es el primer abad benedictino de Los Toldos, “el pueblo de Evita”, en Buenos Aires. Le hace justicia al apelativo de “fray” (fraile), que designa a los sacerdotes que recorren el mundo, en contraposición a los que permanecen en el convento. También le complace que su nombre se asocie al de Fray Mamerto Esquiú (1826-1883), quien hizo del amor a Dios, al Papa, al pueblo y a la Constitución, una causa de vida.

Acerca de la instancia conflictiva que atraviesa el mundo en general, y la Iglesia en particular, Menapace contesta sin dudar: "No nos quejemos tanto, de 'estos' tiempos. Yo he acuñado una frase: 'Esta es la mejor época, porque es la única que tenemos'. Supongo que están hartos de oírla. Si no les gusta esa, tengo otra: 'Dejemos el pesimismo para tiempos mejores. Ahora no podemos darnos ese lujo'".Además, continúa, "malos tiempos fueron los de Esquiú, por la falta de clero, las internas, el caudillismo salvaje …  Hoy se están construyendo capillas, los laicos trabajan mucho y sabemos qué tenemos que hacer".

Sin embargo, también reconoce los motivos del agobio. “La generación que tiene entre 40 y 60 y pico de años, tiene una gran responsabilidad. Esto es relativamente inédito. Los niños y los ancianos dependen mucho de nosotros, cosa que antes no sucedía”. Pero, insiste, hay que cumplir con esa tarea, sin dejarse abatir por la injusticia. “El Evangelio es muy claro: yo debo perdonar las injurias personales, pero cuando se las hacen a mi hermano, estoy obligado a defenderlo”.

Para todo esto sirve la Semana Santa, asegura Menapace. “Es la máxima expresión de amor, porque el Padre nos entregó a su Hijo para salvarnos”. Su filosofía es bastante conocida: “No le exijamos más pruebas a Dios. Démosle nosotros pruebas a Él”.

Dolor y clamor. La platea disfruta de sus relatos. Tiene cientos de ellos, con los cuales elude sistemáticamente la moralina. Cada episodio bíblico es ilustrado con una viñeta. "Dolor es el que produce una muela, y es una cuestión física, imposible de compartir, por mucho que uno quiera … a la persona, no a la muela. El sufrimiento, en cambio, es moral y compartible. Cuando logramos entenderlo así, es más fácil de sobrellevar. No hay que encerrarse en el sufrimiento, hay que dar y buscar compañía".

El materialismo es causa de pesares y equivocaciones, asegura Menapace. “Para qué nos obsesionamos tanto, con lucir lindos y llenos de objetos, si en definitiva somos como los globos: la altura que podamos remontar depende de lo que tenemos dentro, y no de la forma o el color. Salvo que esos colores sean azul y amarillo, obvio ...” Con la sonrisa que lo caracteriza tanto como la afición por Boca, el jopo y la tonada pampeana, se despidió con una reflexión: “Si a la Pascua la vamos a pasar de largo, como si sólo fueran unas minivacaciones, estaremos perdiendo la oportunidad de mirarnos. Estando distraídos, ni siquiera vemos el remedio a nuestros males”.