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Crisis del crédito productivo

El alto costo del dinero y la ausencia de inversiones extranjeras directas, sumados a la inflación y el azaroso quehacer político, explican el bajo nivel de las inversiones productivas.

15 de abril de 2010 a las 12:01 a. m.
Crisis del crédito productivo

La virtual ausencia de inversiones extranjeras directas explica, en cierto modo, la discreta evolución de la economía. Pero no la explica totalmente. Existe otro factor que condiciona el crecimiento, que sigue limitado a la producción de soja y, cíclicamente, de automóviles. El resto, se mueve con lentitud.

El otro factor limitante es el alto costo del dinero, un problema que se arrastra desde hace años y todo parece indicar que en lo inmediato no tiene solución. Por ejemplo, las habituales encuestas que se realizan a fines y comienzos de año en el empresariado con respecto a sus programas de inversión tienen invariablemente un bajo nivel de expectativas favorables.

Más aun, los sondeos efectuados en los dos últimos meses- cuando el ritmo inflacionario se ha acelerado- tienen el denominador común de que el empresariado ha suspendido sus planes de ampliación de la capacidad instalada, porque "los bancos no otorgan créditos a mediano plazo a tasas fijas". Difícilmente puedan hacerlo en un contexto de constante alza de los precios, agravado por la mediocridad instalada en el ámbito político.

Un estudio de coyuntura estima que "el stock de préstamos al sector privado correspondiente a marzo (medido en una moneda de similar poder adquisitivo) resultó siete por ciento inferior al contabilizado 12 meses antes", y advierte que "el proceso, lejos de tender a extinguirse, se acentúa mes a mes".

Los principales consultores del sistema financiero coinciden en señalar que los bancos acumulan una importante liquidez que podría ser aplicada a créditos para la adquisición de bienes de capital y de expansión, pero su capacidad operativa está severamente limitada por las incertidumbres que prevalecen en los órdenes económico (inflación) y político (un Congreso obstruido por maniobras dilatorias del oficialismo y de la oposición, que no consigue armar un frente sólidamente articulado).

El negocio bancario está centrado en el financiamiento del consumo mediante la emisión de tarjetas de crédito, débito, de pago y otros productos. La atonía en el financiamiento productivo ha sido confirmada por un informe del Banco Central, que a fines de marzo último admitía que los créditos hipotecarios y prendarios experimentaron un comportamiento negativo en términos interanuales, descontados los efectos de la inflación, mientras que las financiaciones con las tarjetas aumentaron 26,5 por ciento.

La explicación de este crecimiento tiene un origen negativo: la expectativa inflacionaria. El consumidor usa el plástico para neutralizar, a cuotas fijas, el impacto del alza constante de los precios. Así, es perfectamente comprensible que la actividad crediticia sea muy inferior, en términos comparativos, a las de Brasil y Chile, que triplican nuestros índices de toma de créditos.