Cara y ceca de los cortes de Moreno
El efecto de los tentáculos de Guillermo Moreno en la cadena de la carne tiene dos caras. Daniel Alonso.
El efecto de los tentáculos de Guillermo Moreno en la cadena de la carne tiene dos caras. La mala: el estilo siempre desprolijo del funcionario elegido por los Kirchner para los trabajos "sucios"; es decir, patear el tablero, violentar la seguridad jurídica, imponer sin intentos de consenso, maltratar a sus interlocutores y forzar medidas que por lo general son un atropellado parche para zafar en la coyuntura.
Ese estilo, complementado por otros desaciertos, ha desplazado a la ganadería a un escenario de menor producción y menos penetración relativa en el mundo en comparación con otros países de la región, como Brasil y Uruguay.
La buena: su reciente arremetida (frenó las exportaciones e impuso una lista de precios para cortes populares) tiene cierta expectativa. Es, al fin y al cabo, lo que aconsejan desde hace años varios especialistas ganaderos: exportar los cortes más caros del cuarto trasero de los novillos pesados (lomo y nalga, entre ellos) y dejar para el mercado interno las partes del cuarto delantero del mismo animal.
De esa forma, los consumidores extranjeros, en especial los europeos, que pagan un precio alto por la carne argentina (el kilo de cuota Hilton cotiza a 16 dólares; es decir, más de 62 pesos) subsidian el valor final de los cortes populares para el mercado doméstico.
Claro que el vaso queda a la mitad frente al nivel de la demanda interna, aunque apunta a que sectores de menores recursos tengan una chance mayor de encontrar el kilo de asado a precio más razonable.
Como telón de fondo, persiste la reducción del rodeo nacional y la excesiva faena de hembras, lo que recorta la cantidad de nuevos terneros y la producción de carne. Para eso, ni Moreno ni los Kirchner han diseñado políticas activas.

