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Busco amante realista

Esperar la concreción de un ideal no dicho es, muchas veces, el final del amor.

27 de marzo de 2010 a las 12:00 a. m.
Rogelio demarchi (especial)
Busco amante realista

El domingo pasado, este diario presentó un informe que comparaba casamientos y divorcios. En Córdoba, por cada 10 casamientos hay 6 divorcios. La relación no es directa (no se hizo un seguimiento de quiénes se casaron hace tantos años para ver cuántos se divorciaron y cuándo lo hicieron), pero sería un indicio fuerte de que muchísimas parejas terminan sucumbiendo en un tiempo relativamente corto (la duración promedio de un matrimonio, decía el informe, es de 12 años). Tengamos presente que la nota sólo cuantifica los divorcios, no las separaciones de hecho, y que tampoco cuenta las rupturas de aquellas parejas que han convivido sin casarse.

Para Zygmunt Bauman, autor de Amor líquido (2005), esto sería consecuencia de la superficialidad con que nos vinculamos en la actualidad. Más que relacionarnos, nos conectamos (verbo al que se debe cargar de sentido pensando en la computadora, Internet y el chat, ese tipo de conexión).

En Yo no quiero un amor para toda la vida. Quiero un amor real (Norma, 2010), Jorge Moreno adopta otra posición: el problema de las parejas es la idealización del amor; medir la realidad, digamos, en función de un parámetro ideal.

Si ese ideal se cumple, hay amor; si no se cumple, lo que hay no es amor y entonces hay que descartarlo cuanto antes.

Nuestro imaginario sostiene, por ejemplo, que el amor es para toda la vida; que es completud, el encuentro del alma gemela, de la media naranja; que el amor lo puede todo; que nada es más importante que el amor; que quien ama, sabe lo que el otro necesita sin que lo diga, o que sabe lo que el otro siente sin que lo diga; que debemos ser incondicionales; y muchas cosas más por el estilo.

Según Moreno, "quien cree en estos ideales los da por hecho y generalmente no los explicita, simplemente los espera". A propósito, en el informe publicado por este diario, una integrante del Poder Judicial se mostraba algo sorprendida por una frase que escucha con frecuencia en su despacho: gente que se divorcia porque "el matrimonio no es lo que esperaba". ¿Qué esperaba? El cumplimiento de un ideal no dicho.

Lo más absurdo de este juego, escribe Moreno, es que, al obrar de esta manera, esas "dos personas que producen una relación amorosa quedan esclavizadas por lo que ellas mismas han generado. El amor les dice cómo tienen que comportarse, qué tienen que hacer, qué cosas mantener. Ya no son dueñas de su amor, sino que su amor se adueñó de ellas".

Desde este punto de vista, entonces, la continuidad temporal de un vínculo amoroso depende del realismo con que los dos integrantes de la pareja construyan y evalúen a diario la relación que supieron conseguir. Y es de suponer que los amantes realistas no abundan.