Aceptar y tratar la enfermedad son las claves con ojo clínico
“He tenido muchas reticencias antes de escribir un libro que relata de manera tan explícita mis propios episodios de manía y de depresión.
"He tenido muchas reticencias antes de escribir un libro que relata de manera tan explícita mis propios episodios de manía y de depresión, así como mis angustias a la hora de aceptar la necesidad de una medicación continuada"."Ignoro el alcance que tendrá para mí a largo plazo airear estos asuntos de mi vida personal y profesional, pero sean cuales fueran las consecuencias no tienen más remedio que ser mejores que el silencio".Los párrafos anteriores son del libro Una mente inquieta (1996), de Kay Jamison.Jamison es psicóloga, profesora de la Universidad Johns Hopkins, Estados Unidos, y coautora con Goodwin del texto "Maniac depressive illness" (enfermedad maníaco depresiva). Este maravilloso alegato de quien es una de las personalidades más destacadas en el tema, asumiéndose en su condición de enferma, sirve como ejemplo para ilustrar que padecer un trastorno bipolar no significa renunciar a un proyecto de vida. Por el contrario, si se supera la adversidad que implica, se pueden afrontar los embates emocionales con una adecuada estrategia terapéutica.Excepción hecha con algunas formas clínicas severas e invalidantes de trastorno bipolar, se puede asumir la enfermedad como discapacitante, pero no incapacitanteApoyo con psicoeducación. Es muy alentador que los profesionales estén hoy entrenados para reconocer esta entidad en etapas preliminares, lo que aumenta de manera significativa la respuesta terapéutica.El abordaje terapéutico tradicional, basado en psicofármacos estabilizadores del ánimo y psicoterapia, se ha visto enriquecido por la incorporación de la psicoeducación.Este dispositivo permite que el paciente y su familia puedan colaborar de manera activa con el tratamiento. Funciona como un entrenamiento práctico que lleva a manejar un saber que se traduce en acciones operativas.Lo sustantivo de este proceso es que tiende a aceptar la enfermedad y, por ende, a adherir al tratamiento. Con el cumplimiento de la medicación, se reduce el número de recaídas. Y a menor cantidad de episodios, mucho mejor pronóstico.

