A todo vapor
La orden del capitán Kirchner: poner las calderas a máxima potencia y exigir a fondo las máquinas para avanzar hacia las elecciones de 2011. Roxana Acotto.
La orden del capitán Kirchner parece clara: poner las calderas a máxima potencia y exigir a fondo las máquinas para avanzar lo más rápido posible hacia las elecciones de 2011.
Aunque muchos indicadores ya venían dando cuenta de esta aceleración, esta semana dos relojes mostraron la magnitud del empujón: el producto interno bruto creció en junio el 11 por ciento con relación a igual mes del año pasado, un número que supera por mucho a las tasas chinas que ya son llamativas en un contexto mundial que recién comienza a dejar atrás la crisis de 2009. Pero si algunos desconfían de este indicador (como de tantos otros que emanan del Indec), basta mirar otro gráfico para entender que avanzamos a todo vapor: el superávit de las cuentas fiscales de julio rozó los 4.000 millones de pesos, cinco veces más que un año atrás.
Ayudando a esta estrategia del capitán K, ahora la economía argentina navega en aguas más tranquilas y con viento de cola. Los términos del intercambio, es decir, la relación entre el valor de nuestras importaciones y exportaciones pasa por una coyuntura de bonanza histórica: según un informe de Idesa, en este momento, los términos de intercambio son 35 por ciento superiores al promedio histórico y están entre los cuatro mejores de los últimos 150 años.
Con fondos de la Anses para asistir a diferentes sectores y una expansión de los ingresos públicos más que holgada, el capitán Kirchner tiene margen de acción para hacer lo que más le gusta: ir por más, siempre ir por más. Si los accionistas de Papel Prensa quieren contrariar alguna decisión del Gobierno, Moreno grita: "Acá no se vota" (qué frase poco feliz previo a un año electoral); si aumentan las naftas porque aumenta todo, sale una nueva intimación hacia las petroleras que hace rato cobran en el interior los precios que ahora se niegan a pagar en Capital Federal.
Aferrado al timón, el capitán K observa los intentos de la oposición por torcer el rumbo de su barco otorgando el 82 por ciento a 3,4 millones de jubilados, una medida que si logra sortear el Senado, posiblemente reciba el veto presidencial.
La tripulación de este gran barco que es Argentina siente claramente el envión de la economía, aun cuando la inflación no permite distinguir siempre cuánto hay de mejora en su situación y cuánto de mayor circulación de dinero, que cada vez pasa más rápido de mano en mano.
Las encuestas de opinión pública muestran que lejos de los intentos de motín que desató la resolución 125 en 2008, cada vez más pasajeros se suman a la idea de que es mejor este vértigo acelerado que otros momentos en que el barco flotaba a la deriva. Si el capitán K llegara a convencer a la mayoría o a una minoría importante de que hay que seguir en este rumbo, habrá cumplido su objetivo y sólo él sabe qué hacer con todas las partes flojas que deja esta avanzada a todo vapor. Si la sociedad le da la espalda, ¿tendremos luego la paciencia para aceptar el cambio de rumbo?

