Tipo de cambio real, dólar y competitividad
La competitividad de un país depende de factores como productividad, innovación e inversión. Sebastián Rocha.
En agosto, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) del Banco Central se apreció 0,3 por ciento, pero en el año acumula una depreciación de 7,75 por ciento. Así en 2011, el precio relativo de los bienes que Argentina exporta se abarató respecto de los bienes de nuestros socios comerciales, con lo cual, nuestras exportaciones a esos países crecerán o se mantendrán. De todos modos, como la fórmula de cálculo del índice incluye la variación en los precios internos, teniendo en cuenta las deficiencias metodológicas de medición en el IPC, es de suponer una cierta subestimación.No obstante, la competitividad internacional de un país no es determinada sólo por el tipo de cambio real sino que depende también de otras variables: productividad del trabajo y capital, innovación, calidad de los productos manufacturados, inversión, crédito para la producción y consistencia de la política económica (donde resalta la sostenibilidad de su política fiscal). Los reclamos del sector empresario sobre una modificación del dólar (que busca devaluar el peso para mejorar su posicionamiento en el comercio internacional) se enfrentan a la decisión de las autoridades de mantener un tipo de cambio administrado con pequeños movimientos al alza que, en general, son considerados insuficientes por el sector privado. El argumento oficial es que el ITCRM, aunque se apreció 1,8 por ciento en 2010, en 2009 mostró un desplazamiento en sentido contrario de 26,36 por ciento.El tipo de cambio como generador de competitividad fue efectivo para la economía argentina en un contexto muy diferente del actual cuando, tras la convertibilidad, la capacidad instalada y las elevadas tasas de desempleo permitieron incrementar la producción, con tasas de rentabilidad aceptables sin subas sustanciales de precios. Hoy no existe capacidad ociosa relevante y los desempleados son difíciles de integrar al mercado de trabajo, por lo que, cualquier ventaja competitiva de la herramienta cambiaria sería efímera y agravaría el proceso inflacionario.La competitividad externa no puede resolverse en el corto plazo, depende de un trabajo conjunto del sector público y privado. El primero, propiciando la suba de exportaciones mediante líneas de crédito productivo favorables, apertura de nuevos mercados, impulso a la investigación y desarrollo en alto valor agregado y con un orden normativo que garantice la seguridad jurídica. A las empresas les cabe aumentar la eficiencia de sus procesos productivos, reinvertir utilidades para renovar la dotación de capital, propiciar la investigación y el desarrollo y capacitar a la mano de obra para aumentar su productividad.

