Salven a las encuestas
Los sondeos de intención de voto y las encuestas a boca de urna se ganaron un lugar no sólo en la clase política sino en la familia argentina. Luis Heredia.
Considerados como uno de los aspectos más entretenidos de los procesos electorales, los sondeos de intención de voto y las encuestas a boca de urna se ganaron un lugar no sólo en la clase política sino en la familia argentina, al punto de ser esperados con ansiedad cada vez que los cuartos oscuros aparecen en el horizonte. "Ya es una tradición que padres e hijos se reúnan alrededor de los televisores apenas cerrada una elección para disfrutar de los boca de urna, que a esta altura son valorados como un factor de unidad familiar tan importantes como las fiestas de fin de año", asegura el celebrado sociólogo Durkheim Ribas, que alterna su actividad profesional con la búsqueda de civilizaciones perdidas y la cría de suricatas. Vaticinios tan polémicos como versátiles, la variedad de sus pronósticos, sus mayores o menores márgenes de error estadístico, sus diferentes niveles de credibilidad o sospecha llevan a confiar o descreer en ellos pero es imposible permanecer ajenos a sus porcentajes, al punto que se ubican entre las 10 causas principales de crisis depresivas y estallidos de euforia entre los políticos argentinos. Sin embargo, la fuerte regulación que se les impondrá en las próximas elecciones nacionales, que obligará a determinar los métodos utilizados en los sondeos, quién los encarga y cuánto cuestan, entre otras menudencias, amenaza con asestar un golpe mortal al espíritu de la actividad que ha sido adoptada como una forma de entretenimiento de los argentinos."Seguramente que este tipo de regulaciones permitirán un mayor rigor en los trabajos, pero al mismo tiempo los tornará decididamente previsibles, uniformes y en definitiva aburridos. Se terminó la gracia de las encuestas", aseguró Juan Carlos Ruletta, autotitulado como el "Rey del Sondeo", veterano profesional del rubro especializado en encuestas a medida y que saltó a la fama en 1973 cuando predijo el triunfo en primera vuelta y por amplio margen de la fórmula Américo Ghioldi-René Balestra sobre el binomio Cámpora-Solano Lima.Para Ruletta, las normas que entrarán en vigencia están pensadas para aquellas consultoras que cuentan con mayor estructura y presupuesto para realizar encuestas. "En nuestra agencia hace tiempo que dejamos de hacer sondeos telefónicos no sólo porque no los consideramos fiables sino porque nos cortaron la línea por falta de pago. También dejamos de encuestar casa por casa porque creían que éramos Testigos de Jehová, nos gritaban desde adentro que eran budistas y no nos abrían las puertas", recuerda el especialista. Frente a estos contratiempos, la agencia del "Rey del Sondeo", siempre a la vanguardia en métodos de mediciones de opinión, contrató a una mentalista ucraniana y la dotó de una bola de cristal de última generación que le permite ver los escenarios políticos futuros en alta definición. "En cuanto consigamos un traductor que nos permita saber qué es lo que está diciendo la ucraniana vamos a lanzar nuestras primeras predicciones electorales, con un margen de error mínimo", asegura Ruletta.Frente a la certeza de que la regulación de las encuestas está limitando uno de los costados más recreativos de una elección, es que tanto desde el Gobierno como desde la oposición se están diseñando estrategias destinadas a darle un tono más ameno a las campañas. Desde el radicalismo, por ejemplo, el precandidato Ricardo Alfonsín inició un ciclo de unipersonal en los actos partidarios consistente en recrear supuestos diálogos jocosos entre la Presidenta y sus ministros. "Todavía no le sale bien la imitación de la Presidenta pero estamos encaminados: con Ricardo, no sólo le estamos apuntando a la presidencia sino a la próxima temporada teatral en Mar del Plata", aseguró una fuente del entorno del candidato radical. Desde el Gobierno, en tanto, fueron más contundentes y apostaron a tornar atrayente a la campaña con el vino El Justicialista, un tinto de alta gama de cariz popular. "Un par de botellas de Justicialista cabernet sauvignon y nadie se va a acordar del boca de urna, ni de a quién votó", aseguran desde la Rosada. Mientras se espera que empiecen a regir las regulaciones, Lilita Carrió aseguró que todas la encuestas que dan ganador al kirchnerismo son pagadas desde la Casa Rosada y que la próxima presidenta va a ser ella. El encantador efecto de las encuestas lucha por sobrevivir.

