Salideras sin salida
Demostramos que, a pesar de lo que parece, hay alternativas para evitar ser robado luego de sacar dinero de un banco. Luis Heredia.
Además del tango, la excelencia de su carne vacuna y las Cataratas del Iguazú, la Argentina también es reconocida en el mundo por la proverbial incapacidad de sus gobernantes de turno para resolver problemas, lo cual constituye en sí el más grave de los problemas. Los accidentes viales, la violencia en el fútbol, la inflación, la desnutrición infantil, la pobreza, el déficit habitacional (por citar sólo algunos) son parte de estos contratiempos, muchos de ellos trágicos y penosos, que permanecen en estado de irresolución permanente. "Los problemas argentinos son como los problemas matemáticos, algunos tienen más de un siglo. Quien logre resolverlos podrá reclamar el título de Padre de la Patria y nadie podrá negárselo", opina el historiador José Memoria.
A tal punto llega la ineptitud para acabar con estos flagelos que, según estudios, en la mente del argentino contemporáneo resulta cada vez más incomprensible que en 1817 San Martín se las haya arreglado para cruzar la cordillera con un ejército y solucionar el problema de la dominación española. "Según una encuesta, el 96 por ciento de los argentinos piensa que si el plan se hubiera llevado adelante en esta época, tendríamos al Ejército de los Andes detenido en el túnel del Cristo Redentor por culpa de los controles aduaneros", asegura el licenciado José Múltiple Choice.
Y como si no faltaran inconvenientes, siempre se suma o se agrava algún otro que acaba sedimentándose sobre los demás. Es el caso de las salideras bancarias que son llevadas adelante con todo éxito a lo largo del territorio nacional, generalmente por motochorros.
"Simplemente no sabemos cómo hacer con las salideras. Conocemos como actúan los motochorros y los marcadores, dónde operan y a quiénes atacan, pero cuando tenemos que pensar en una solución nos viene como un bloqueo y sencillamente no podemos hallarle la vuelta", asegura el asesor en seguridad nacional José Candado desde el interior de un cajero automático, del que no sale por miedo a un arrebato.
En medio del estado de desconcierto, se analizan varias alternativas, como la de mimetizar a los bancos para que no puedan ser detectados por los malhechores. Se hizo una prueba con una sucursal que sufría 15 salideras por día, que fue camuflada como un cactario. "La experiencia fue positiva porque los ladrones no pudieron dar con ella y no hubo salideras, pero el problema es que se nos fue la mano con los cactus y las pencas y los clientes tampoco pudieron encontrarla", afirma Candado.
Otra medida ingeniosa analizada es un mecanismo de distracción llamado "el abanico". Consiste en que el cliente concurra a realizar una extracción acompañado de no menos de 16 amigos o parientes que se apiñarán frente a la caja, sólo uno recibirá el dinero, pero el resto simulará hacerlo, desorientando al "marcador" que no sabrá qué hacer con el pullover, y a los motochorros, que no sabrán a quién perseguir.
También se considera como potencial solución la denominada Opción AFA. Cuando en el fútbol quieren parar la violencia por tres días, impiden la entrada de hinchadas visitantes o se juegan partidos a puertas cerradas. Ese concepto llevado a los bancos implicaría que operen sin abrir sus puertas, de esa forma la gente no podría sacar grandes cantidades de dinero, los jubilados no cobrarían y, como último eslabón de la cadena, los ladrones no tendrían a quién robar. Pero donde más esperanzas ponen los especialistas en seguridad es en la agudización del sentido de sospecha de los clientes. Consideran que si los argentinos desarrollaran la capacidad de detectar ladrones que alcanzó Mirtha Legrand, las salideras se extinguirían en menos de un mes.
En medio de proyectos, ideas, iniciativas y ninguna solución concreta, la cuestión de las salideras va camino a correr la misma suerte de muchas otras cuestiones de la Argentina irresuelta: la creación de una Comisión de Estudio de las Salideras Bancarias, una elegante forma nacional de decir que la cuestión jamás se resolverá.

