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Las puertas del Palacio

Pese a que el ex intendente Daniel Giacomino le entregó las llaves de la ciudad a su sucesor, Ramón Mestre, cuando el flamante jefe comunal llegó al Palacio 6 de Julio las puertas de los despachos estaban cerradas con doble vuelta. Luis Heredia.

18 de diciembre de 2011 a las 12:02 a. m.
Las puertas del Palacio

Pese a que el ex intendente Daniel Giacomino le entregó las llaves de la ciudad a su sucesor, Ramón Mestre, cuando el flamante jefe comunal llegó al Palacio 6 de Julio las puertas de los despachos estaban cerradas con doble vuelta, las llaves correspondientes brillaban por su ausencia y las de la ciudad revelaron con crudeza su absoluta falta de funcionalidad frente a la contingencia.

“Nosotros le dimos las llaves de la ciudad para que pudiera entrar en Córdoba y así no quedara fuera del ejido, pero las del Palacio son otra cosa”, se escudó un ex funcionario giacominista. “No fue una venganza, ni hubo mala intención, sucede que con la sensación de inseguridad que hay por estos días no es cuestión de andar dejando puertas sin llave”, se justificó.

Según el vocero, los radicales no supieron buscar, porque en realidad las llaves habrían sido disimuladas en macetas, debajo de felpudos, en estatuas y champas del Paseo Sobremonte, y en el interior de jarrones, vasijas y ánforas de la sede comunal. “Rastrearlas y dar con ellas era parte del juego de la democracia, pero no lo entendieron así”, aseguró.

De todos modos, algunos especialistas en protocolo sostienen que para que no se repitan este tipo de situaciones en el futuro, las llaves de la ciudad deberían ser del tipo ganzúa. “Se conservaría el simbolismo de una práctica que se remonta a la Edad Media, y se la mejoraría al agregársele un sentido funcional”, aseguran.

Sin embargo, esta recomendación no es compartida por todos. “Hemos tenido algún que otro intendente que con una ganzúa en la mano no hubiera contribuido a la tranquilidad general”, explican los más precavidos.

Aun así, existe la coincidencia de que esta cuestión de los despachos cerrados no debe repetirse porque encierra serios peligros.

Concretamente, se especula que pueda llegarse al tan temido vacío de poder (de consecuencias impredecibles), en caso de que algún intendente entrante no pudiera abrir las puertas de la sede de gobierno.

Pero más allá de estas especulaciones, lo cierto es que si bien no aparecieron las llaves sí surgieron otros elementos, algunos de ellos sorprendentes, como una impactante resma de decretos recién firmados. De acuerdo con la afirmación del nuevo intendente, su antecesor firmó la friolera de 800 en el último día de su mandato, en lo que constituiría una verdadera proeza administrativa.

Si bien no pudo ser confirmado, en principio Giacomino habría empleado dos horas en rubricarlos, lo que hace una marca de 6,6 decretos por minuto. Una versión imposible de confirmar aseguró que el brazo utilizado en la faena quedó del grosor del impactante brazo izquierdo de Rafael Nadal.

“Si este récord es homologado, nuestro líder pasaría a ser el único con una foto en la galería de ex intendentes y otra en el libro Guinness”, exclamó con entusiasmo un militante giacominista de paladar negro.

Otra de las cosas que las nuevas autoridades aseguran haber encontrado en el Palacio es una inmensa deuda flotante de 700 millones de pesos, levitando en el interior del edificio. Si bien algunos no se explican cómo hace para flotar una deuda tan pesada, los que la vieron aseguran que tiene el tamaño (y el tipo de desplazamiento) del malogrado dirigible Hindenburg. Para otros testigos se parece al descomunal ovni de la película El día de la Independencia. En cualquiera de los casos, lo que se procura es que no salga del edificio municipal, para evitar que su avistamiento en los cielos de la ciudad genere situaciones de pánico en la población.

En definitiva, el recambio de autoridades municipales en Córdoba capital dejó a la vista al menos dos contradicciones domésticas cordobesas.

Primero, que un intendente recién asumido no podía abrir las puertas de los despachos, en una ciudad donde las bandas de rompepuertas llevaron a muchos vecinos a tapiar sus aberturas (lo que los obliga a entrar y salir de sus casas por estrechas e incomodas claraboyas).

Y segundo, en una ciudad donde a muchos semáforos les falta la luz roja, la Municipalidad tiene un rojo que se ve desde planetas vecinos.

Por más de que tratemos de evitarlo, somos un país de contradicciones.