La palabra y la identidad
Lunfardo. Un estudio sobre el habla popular de los argentinos es un exhaustivo trabajo de investigación que condensa en 550 páginas gran parte del conocimiento sobre el lunfardo. Rogelio DEmarchi.
En los años previos al Centenario, el lunfardo quedó en el centro de un acalorado debate: ¿cómo se lo podía definir?, ¿como una lengua, un dialecto o una jerga?; ¿y cómo caía el peso de esa decisión sobre los hablantes?, ¿como una marca de distinción o de discriminación? La discusión fue larga; los actores, muchos; las posiciones, de lo más disímiles. Todo aquello se puede rastrear, comprender y actualizar en Lunfardo. Un estudio sobre el habla popular de los argentinos (Taurus, 2011), de Oscar Conde, quien se enamoró del tema hace 25 años, lo que da una idea de lo larga y profunda que ha sido su investigación. De hecho, su ensayo tiene un triple objetivo: explicar qué es el lunfardo, describir cómo se conformó (y sigue haciéndolo) y registrar su presencia en la literatura popular y en los medios de comunicación.El lunfardo no es, como pretendieron algunos, un idioma. No es la lengua nacional argentina. Tampoco puede decirse que sea un dialecto, es decir un habla regional. Aun cuando la diferencia entre lengua y dialecto se construya más desde la política que desde la lingüística –¿por qué se ha considerado al castellano una lengua y al catalán un dialecto?– como grafica Conde, no es ni lo uno ni lo otro porque no se habla "en" lunfardo sino "con" lunfardo. Por oposición, hubo quienes lo consideraron el argot de la gente de mal vivir (delincuentes, criminales, etcétera). Pero, como es fácil advertir, no se trata de un vocabulario secreto (morfi, pucho, bardo, etcétera) sino del habla popular. En consecuencia, así es como lo define Conde: "un vocabulario del habla popular de Buenos Aires" que se ha extendido "primero a toda la región del Río de la Plata y luego al país entero".En cuanto a su conformación, Conde destaca el proceso de incorporación de "centenares de términos europeos, sobre todo procedentes de lenguas de la península itálica, que fueron amalgamándose, además, con palabras que integraban el sustrato lingüístico aborigen, y que también llegaron a Buenos Aires a través de oleadas migratorias internas".Allí empieza una historia que no concluye con el fin del flujo migratorio sino que continúa hasta nuestros días por múltiples vías. "El lenguaje del fútbol y del turf, las jergas de diferentes oficios o profesiones, los ambientes de la droga, el terrorismo y la represión, el mundillo del rock y de las 'tribus urbanas', la jerga del psicoanálisis, la del boxeo, la del automovilismo, la de la radio y la televisión, todos ellos han aportado al lunfardo, en mayor o menor medida, una cantidad considerable de voces, extendidas ya a todo el espectro social de buena parte de la Argentina".Su difusión ha sido posible porque periodistas, escritores populares, autores de piezas teatrales y de letras del tango y otros géneros musicales, entre otros agentes sociales, fueron transformando al lunfardo en un lenguaje literario.Por todo ello, concluye Conde, el lunfardo tiene una carga afectiva y "dice mucho más de los argentinos que 10 volúmenes de sociología". Renunciar al lunfardo, entonces, sería como renunciar a nuestra identidad.

