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O pensás como yo o sos un imbécil

Nuestro país vive un resurgir de la política como tema de conversación. Pero el vaso tiene una mitad vacía: crece la intolerancia hacia el que piensa diferente. Eduardo Bocco.

10 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
O pensás como yo o sos un imbécil

La política ha vuelto a instalarse en el centro de la escena. La buena noticia es que en Argentina se volvió a hablar de política. La construcción de la agenda pública a partir de comentarios ciudadanos ya no es un caso de excepción en este país; tampoco en esta provincia.El año electoral que ya se muestra sin tapujos en las conversaciones de la gente lógicamente contribuye a la consolidación de este tipo de fenómeno.Más allá de que la mayoría de las encuestas indique que, hasta el momento, existe marcada indiferencia de la ciudadanía por las elecciones –excepto en las provincias en las que se está por elegir autoridades provinciales–, Argentina ha tomado a la política como un tema de debate casi constante.Lo que antes estaba casi reducido y acurrucado en el rincón habitado por una minoría o, si que quiere, una elite calificadísima, hoy reaparece con tono popular. Para hablar de corrupción en la clase dirigente, de incapacidades o errores manifiestos de los gobernantes, para adherir o rechazar a un partido político o corriente de pensamiento… señores, la política está de vuelta.Pero, lamentablemente, no todo lo que reluce es oro.La reapertura del viejo arcón trajo también una marcada dosis de intolerancia, sobre todo en los noveles defensores de ideas, que muchas veces se transforman en comisarios de la política, en cuyos rondines intentan decidir quién puede hablar y quién no. La consigna parece ser: o pensás como yo o sos un estúpido.Si no estás de mi lado sos mi enemigo y tengo derecho a vapulearte, estamparte contra la pared y gritar a los cuatro vientos que sos un inútil, resentido, un burro y anticuado. Entonces, el camino conduce directo y sin ningún tipo de obstáculos a un solo punto: la intolerancia. Nuestras mesas se están colmando de parroquianos que no admiten la presencia del otro que piensa distinto. O se lo trata de destruir para borrarlo del mapa o directamente se lo evita. Se le tira a matar o no se lo escucha. No interesa lo que piense, lo que diga o lo que haga. La diversidad no adquiere dimensión alguna en los nuevos polemistas que irrumpieron en la mesa de las discusiones de nuestro amado país.Así las cosas, se trata de un acierto a medias, de un crecimiento por ahora tronchado y acechado por un peligro que, en otros tiempos, nos transportó casi sin darnos cuenta a un agujero mugriento, salvaje y sangriento. Hemos transitado el camino hasta la mitad. Aire fresco sobra en ese tramo. Falta resolver la otra mitad y no caer. Tropezar dos veces con la misma piedra es de tontos.