No se olviden de Alberdi (I)
Política y sociedad en Argentina es una antología de textos de Alberdi preparada por Oscar Terán. Rogelio Demarchi.
De todas las cosas que nos hizo ver Freud, elijo una: un olvido puede ser más significativo que un recuerdo. En las recientes celebraciones del Bicentenario, el Estado argentino se olvidó de Juan Bautista Alberdi.
¿Por qué debía recordarlo? Porque escribió el texto que sirvió de referencia para la elaboración de la Constitución Nacional de 1853.
¿Por qué debemos recordarlo ahora? Porque el domingo próximo se cumplirán 200 años de su nacimiento: nació en San Miguel de Tucumán el 29 de agosto de 1810.
¿Por qué deberíamos leerlo cuantas veces podamos? Porque fue uno de los máximos escritores de la Generación del 37, amigo y camarada de Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez y Vicente Fidel López, entre otros. Porque decía que escribía "para aprender, no para enseñar", de modo que cada uno de sus escritos era "un ensayo, no un testamento".
Con tan sólo 26 años, escribió y publicó Fragmento preliminar al estudio del Derecho (1837), donde reflexionó sobre las relaciones entre filosofía, legislación y nacionalidad. La filosofía, al reconocerle autoridad sólo a la razón, es fuente "de toda emancipación, de toda libertad, de todo progreso social". Por lo tanto, para llegar a tener una nacionalidad es preciso "conquistar una filosofía". Dicho de otra modo: "tener una filosofía es tener una razón fuerte y libre; ensanchar la razón nacional es crear la filosofía nacional y, por tanto, la emancipación nacional".
Y si la ley es lo que gobierna la sociedad, "gobernémonos, pensemos, escribamos, y procedamos en todo, no a imitación de pueblo ninguno de la tierra, sea cual fuere su rango, sino exclusivamente como lo exige la combinación de las leyes generales del espíritu humano con las individualidades de nuestra condición nacional".
Esos tres elementos -filosofía, nacionalidad, ley- eran inescindibles para Alberdi, y son la justificación de la "metáfora biológica" que utilizaba para explicar por qué una sociedad tan joven como la rioplatense de entonces debía esperar antes de constituirse en Nación: "nosotros no tenemos historia, somos de ayer, nuestra sociedad recién es un embrión, un bosquejo, estamos aún bajo el dominio del instinto, de la costumbre", características que asociaba con la feudalidad. Recién cuando la Argentina creciera podría independizarse, como cualquier ser humano: "cuando la unidad filosófica haya puesto fin a la incoherencia general que domina nuestros espíritus, cuando hayamos adquirido la unidad moral, artística, industrial, escribiremos nuestra legislación, que es la expresión de la unidad social. Pero pretender dar principio por la unidad política es invertir una filiación indestructible, es principiar por el fin, por lo que debe ser su resultado".
Por eso evaluaba al gobierno de Juan Manuel de Rosas, iniciado en 1835, tras el asesinato de Facundo Quiroga, como un paso necesario: un poder fuerte, concentrado, que privilegiaba el "poner orden" al dictado de una Constitución.
En ese contexto, escribió una frase que sirve para pensar los tiempos presentes: todos los gobiernos son "la obra y el fruto de las sociedades; reflejan el carácter del pueblo que los cría".

