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Necroexigencia nacional

El piquetero Luis DElía puso en apuros al gobierno de EE.UU. al exigir pruebas de la muerte de Bin Laden. Luis Heredia.

08 de mayo de 2011 a las 12:02 a. m.
Necroexigencia nacional

El asesinato de Osama bin Laden sigue repercutiendo a lo ancho y largo del planeta, incluso en la Argentina, a pesar de que los geógrafos insistan en situarla en el trasero del mundo por su ubicación un tanto periférica y alejada de los centros de decisión internacional. Para algunos especialistas en la conducta humana, la necesidad de los argentinos de opinar sobre cuestiones de implicancia mundial tiene que ver tanto con el insufrible fenómeno de la globalización como en la necesidad de ratificar un sentido de pertenencia al planeta, y quizá hasta a la misma especie. Pero además, la expeditiva operación norteamericana en Pakistán y el posterior destino del cuerpo de Bin Laden, supuestamente destinado para alimento de los cardúmenes del mar Arábigo, dispararon una de las más arraigadas pasiones argentinas: la necrofilia. Definida por analistas, pensadores, historiadores y estilistas como una antiquísima compulsión nacional hacia la mutilación, robo, ocultamiento y otras creativas variantes de profanaciones de cadáveres ilustres, el manejo que los norteamericanos aseguran haber hecho con el cuerpo del jefe de Al Qaeda no hizo más que estimular este componente inalienable del ser argentino.En este sentido, y lejos del mesurado y atildado comunicado de la Cancillería sobre la confusa pero indudablemente sangrienta operación en Pakistán, quien fue realmente al centro de la cuestión que desvela a demasiados argentinos fue el dirigente piquetero Luis D'Elía, quien sin sutilezas y desde Twitter lanzó una exigencia, que también tiene bastante de exhortación: "Queremos que exhiban el cadáver".Si bien justificó su pedido en la necesidad de salir de la duda sobre los acontecimientos (lo cual es atendible), para los especialistas es indisimulable el componente necrofílico argentino detrás de semejante pedido.Sin embargo, el gobierno norteamericano parece dispuesto a no ceder frente a la presión de D'Elía, al punto que mantiene su postura de que fue arrojado al mar porque no encontraron una parcela libre en toda la península arábiga a pesar de sus 2.730.000 kilómetros cuadrados."Lamentablemente, el señor D'Elía realizó tarde su pedido porque el cuerpo de Bin Lade ya fue arrojado al mar Arábigo desde el portaaviones Carl Vinson. En realidad, y para ser sinceros, por un lamentable descuido se deslizó por la cubierta y se nos fue por estribor", aseguró un escueto comunicado del Pentágono, elaborado para responder al pedido del líder piquetero.La exigencia del titular de la Federación de Tierra y Vivienda también se analizó en el Salón Oval, pero según fuentes del Departamento de Estado, fue el propio presidente, Barack Obama, quien desistió de la posibilidad de realizar un rastrillaje en una zona de 20 mil kilómetros cuadrados de mar para poder dar con el cuerpo y así poder satisfacer el requerimiento de D'Elía."Exprésenle al señor D'Elía que apreciamos su preocupación pero que tenemos otras prioridades", habría dicho Obama a sus asesores.Pero el enojo de D'Elía también obedecía a la frustración que le produjo ver la foto falsa del cadáver. "Es retrucha, fue sacada en los tiempos de Bush", bramó el piquetero desde su cuenta de Twitter, dando a entender que si no hay cuerpo, una buena foto, bien truculenta, vale.Pero el presidente Obama tampoco cedió frente a estas presiones del dirigente argentino. Dijo que del cuerpo acribillado no se va a exhibir ni un dibujo a mano alzada, sin antes aclarar que las fotografías que obran en su poder contienen detalles "atroces", comentario que obviamente tiene como objetivo dejar con las ganas a D'Elía. Más tranquilos por vivir ahora en un mundo más seguro, el único temor que subsiste en la Casa Blanca por estas horas es que D'Elía ponga en marcha un "operativo clamor" (otro invento argentino) para exigir aunque sea un retrato hablado del cuerpo de Bin Laden.A esta altura, el Departamento de Estado debe estar evaluando que la próxima vez que envíen a los Seals a hacer justicia, antes deberán considerar las consecuencias que el operativo tendrá en estos lejanos territorios argentinos. Seguramente lo pensarán dos veces.