¿Más días, misma escuela?
La semana pasada, los ministros de Educación de las 24 provincias argentinas anunciaron que en 2012 habrá 190 días de clases. Rogelio Demarchi.
La semana pasada, los ministros de Educación de las 24 provincias argentinas anunciaron que en 2012 habrá 190 días de clases. La medida, que se instrumentará con dos años de atraso, porque parte de una resolución en ese sentido que se tomó en marzo de 2010, de inmediato fue criticada por los gremios docentes y por varios especialistas; lo menos que se dijo es que es "insuficiente" y que no asegura una educación de calidad. Más allá de señalar que hay países donde los chicos van a la escuela seis días por semana y hasta 220 días al año, y que tienen doble jornada en casi todos ellos, ¿qué sería suficiente y aseguraría una educación de calidad?En Pedagogía de la igualdad (Siglo XXI, 2011), Pablo Gentili es concluyente: de nada sirve el más creativo de los parches que se pueda proponer al sistema educativo porque nos hemos quedado sin sistema educativo; no hay tal cosa, sino "circuitos educativos diferenciados" por clases sociales y lugares de residencia. En un sentido, los pobres tienen "una escuela precaria y sin condiciones para tornar efectivo su derecho a la educación", mientras que las demás clases sociales acceden a "circuitos educativos que abrirán oportunidades y espacios para su desarrollo personal y profesional". En otro sentido, no ofrecen las mismas oportunidades educativas la pequeña localidad y la gran ciudad, comparación que también puede hacerse entre provincias. Si la suma de esas distintas realidades conforma lo que se llama "sistema educativo", el resultado es un sistema educativo que paradójicamente es excluyente: si los chicos están obligados a permanecer dentro de ese sistema sin que este les garantice el acceso efectivo a una educación de calidad, la exclusión está oculta en el interior del sistema. Esa educación, además, recibe una mirada instrumentalista: hay que estudiar porque la educación "permite ampliar las oportunidades de ingreso y la competitividad de los agentes económicos en el mercado". Entonces, se busca relacionar la escuela media con el mercado laboral (las pasantías) y relanzar las escuelas técnicas y de oficios. Gentili recuerda que la secundaria debe ofrecer una formación que permita acceder a los estudios superiores, no a un trabajo. De modo que cuando se abandona esa idea, se estafa a los que tienen menos recursos. "El argumento que sustenta la tesis de que los pobres necesitan una escuela media con orientación técnica y profesional y de rápida salida laboral, mientras a su lado persiste un sistema comprensivo, propedéutico y abierto a la formación general, destinado a los que aspiran y pueden dar continuidad a sus estudios en el nivel superior, confunde los límites del realismo con los del cinismo". La única alternativa es refundar el sistema "sobre la base de la igualdad de oportunidades de acceso y, fundamentalmente, de la igualdad de condiciones en el proceso de escolarización". Si eso no se hace, se favorece la disgregación social: "La educación nos ayuda a vivir juntos porque mediante ella se edifican las razones que nos unen y nos definen como comunidad". Si eso no se hace, cada casta tendrá más días de clases en sus respectivas escuelas.

