Lectura = inclusión social
Tres miradas sobre la literatura infantil y juvenil argentina. Rogelio Demarchi.
Al cierre de la Feria del Libro de Buenos Aires, la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (Alija) entregó los premios a los mejores libros del género editados el año pasado; premios que se conocen como los "Destacados Alija" y que son reconocidos en una amplia región de América latina. En la categoría "Producción Teórica", uno de los seleccionados fue Tres miradas sobre la literatura infantil y juvenil argentina (Comunicarte, 2012), de Graciela Perriconi, un breve ensayo que apenas incursiona en los amplios territorios que definen esas "tres miradas" que se propone compartir, que no son otras que la búsqueda de una definición de la literatura infantil, un repaso de la historia de la literatura infantil argentina y una rápida descripción de las acuciantes preguntas que atraviesan el complejo presente que vivimos. Sin embargo, aporta material para una reflexión fundamental: qué se puede hacer para fomentar el hábito lector en niños y jóvenes, una vez que se ha comprendido que la lectura es un elemento imprescindible en la formación del sujeto.Cuando hablamos de leer, por supuesto, no nos referimos exclusivamente a la literatura. Así que no estamos hablando sólo de "literatura para niños", donde contamos con importantes obras en todos los géneros y formatos: poesía, cuentos, novelas, teatro, canciones. Como advierte Perriconi, hay otros libros para chicos: "Hay también obras creadas a partir de la imaginación y tienen elementos de divulgación científica, histórica o cultural, por ejemplo biografías, tradiciones, versiones de obras famosas. Y están los libros destinados al aprendizaje, a la instrucción, a la iniciación en el arte, a la técnica, a la investigación, en fin, al conocimiento de la vida en el cosmos. Y los textos escolares. Todos libros valiosísimos que deberíamos tener en cuenta en el momento de la iniciación al hábito de lectura".Leer, se sabe, lo han demostrado numerosas investigaciones, "es una actividad que requiere esfuerzos, tiempo de soledad, de silencios interiores". Saber leer implica entender, interpretar y dar sentido al texto, mientras se lo disfruta página a página. El resultado es, siempre, enriquecedor porque la lectura "transforma la vida diaria en otra, más bella, para muchos más llevadera. Así lo han demostrado experiencias de lectura reparadoras que se llevan a cabo en las cárceles, en los hospitales, en exilios y en situaciones difíciles".Hoy, más que en el pasado, no es lo mismo leer que no leer. La no lectura, de hecho, remite a distintas formas de exclusión social. No sólo porque el conocimiento y la información siguen siendo transmitidos, almacenados y analizados fundamentalmente de manera escrita, sino porque, como reconoce Perriconi, vivimos un tiempo de cambios culturales significativos en el que se destaca "la pauperización de la población potencialmente lectora", y la pobreza económica e intelectual se traduce en exclusión social. No es un mero planteo teórico: esta semana, mientras una escuela de Córdoba no podía dar clases por los tiroteos que conmocionaban al barrio, una burra repartía libros casa por casa en una zona rural de Villa de Las Rosas, cerca de Villa Dolores.

