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¿A Lázaro le soltaron la mano?

Hasta hace poco, o muy poco, en Santa Cruz existían personajes a los que prácticamente no se podía mirar a los ojos. Los ciudadanos de a pie los miraban como a una deidad.

09 de junio de 2013 a las 12:02 a. m.
¿A Lázaro le soltaron la mano?

Hasta hace poco, o muy poco, en Santa Cruz existían personajes a los que prácticamente no se podía mirar a los ojos. Los ciudadanos de a pie los miraban como a una deidad. Eran inalcanzables, inasequibles. Eran, básicamente, ultrapoderosos. Infundían temor reverencial. Jamás, ningún santacruceño en sus cabales podría haberlos cuestionado en público, mucho menos tratarlos de igual a igual.A veces, las copas de cristal se rajan y el líquido se escapa. También, hasta el mejor de los paños se destiñe si no se lo trata adecuadamente.El jueves pasado, al hasta hace pocos días poderosísimo Lázaro Báez le pasó algo impensado: un par de gendarmes, por orden de un juez porteño, le abrieron a golpes el portón de un galpón gigantesco en el que estaban estacionados varios automóviles de alta gama, que serían de algunas de las empresas que se le atribuyen. Entre los vehículos que se encontraban en el lugar se destaca un Porsche Cayenne Turbo modelo 2011 importado de Alemania, cuyo precio de mercado supera el 1,2 millón de pesos.La noche anterior, por orden de la Justicia, también se allanó la sede del Banco de Santa Cruz, donde Lázaro Báez supuestamente tiene al menos 14 cajas de seguridad. Horas después, otra comisión de gendarmes allanó una chacra de Lázaro Báez.La Justicia que dispuso estos procedimientos está bajo sospecha, pero lo que aquí se analiza no es el resultado de estos allanamientos, ni cuál será el futuro del hombre de la bodega o de la bóveda.Lo que importa, o lo que se pone en el centro de esta mirada, es que el polémico empresario que fue socio de Néstor Kirchner ya no es inmaculado. Dejó de ser una deidad y ahora, por orden de un juez, un par de uniformados pueden entrar a las patadas a alguna propiedad suya.Forzaron la cerradura e ingresaron. Después llegó él, con pocas palabras y mucho nerviosismo.¿Le dolió el ingreso por la fuerza? ¿Sospecha que le soltaron la mano?Son todas preguntas sin respuestas.Es archiconocido que este hombre pasó de ser un hombrecito gris de la ancha clase media trabajadora, a potentado dueño de tierras, de empresas enigmáticas, que tiene a su disposición una flota de autos negros, con todo lo que eso puede llegar a connotar si se le da rienda suelta a la imaginación.Lázaro, aparentemente, está contra las cuerdas. Resta saber si el embate es de verdad, si hay voluntad de investigarlo o si sólo se trata de un paso de comedia que se diluirá con el paso del tiempo.En Argentina, llama la atención cómo hay gente que en diferentes provincias, incluida la nuestra, se hace muy pero muy rica.Báez es precisamente un ejemplo palmario de este tipo de casos. Rústico, algo hosco, ciertamente petulante y algo desaliñado, parece llevarse el mundo por delante.¿Lo habrán dejado solo?