La hora de la microeconomía
El próximo presidente no podría corregir el atraso cambiario con una devaluación, ya que provocaría resultados mucho peores que los del ajuste 2002. Javier González Fraga.
En la columna anterior expliqué que la aparente apreciación del peso, o el retraso cambiario como le gusta definirlo a unos, o lo que menos académicamente otros describen como "Argentina está cara en dólares", es un proceso en el que tiene mucho que ver la debilidad mundial del dólar. Pero, lo cierto es que muchas actividades exportadoras están perdiendo competitividad, o dicho de otra manera, la rentabilidad está desapareciendo en muchos sectores industriales, ya sean exportadores o expuestos a la competencia de otros países, especialmente, China y Brasil.Se podría afirmar que este fenómeno está afectando a la mayoría de los sectores fabriles, excepto quienes se benefician de un aumento de precios en dólares, como la siderurgia, y algunos rubros metalmecánicos. Sin duda, las exportaciones agropecuarias y agroindustriales, con algunas excepciones como las frutas, no tienen ese problema porque el "atraso cambiario" es compensado por los incrementos de precios. Cómo salir. Lo más preocupante es que esta coyuntura desfavorable se va a ir agravando en los próximos meses y nadie piensa que este Gobierno vaya a hacer algo para revertirla. O sea que las expectativas están puestas en la próxima administración, con todas las incertidumbres políticas que se puedan imaginar. ¿Cabe esperar que el próximo inicie su gestión con una devaluación? Es muy temprano para definir esta cuestión, pero es muy probable que, si el nivel de apreciación cambiaria se mantiene en estos niveles, la devaluación no sea la mejor solución.Esto provocaría resultados mucho peores y más perjudiciales que la experiencia de 2001, cuando había una gran recesión, un alto desempleo y la utilización de la capacidad instalada era del 50 por ciento.Hoy la realidad es muy distinta, y una devaluación dispararía aumentos salariales y de tarifas, provocaría una fuerte huida de capitales, y una gran recesión. Se parecería mucho más al Rodrigazo de 1975 que a los ajustes de enero de 2002.Hoy la cuestión de la competitividad, o la menor rentabilidad, exige mucho más "sintonía fina" que en la crisis anterior. Hoy debemos imitar a los países de la región (Chile, Brasil y Uruguay) que compensan sus aumentos en dólares, producto de la apreciación nominal de sus monedas, con otro tipo de herramientas, mucho más cercanas a la micro que a la macroeconomía. Aunque no por eso no implican una fuerte acción estatal.Lo primero que debe hacer el próximo gobierno es frenar el proceso de apreciación controlando la inflación, para lo cual es preciso que regularice el Indec y establezca metas de inflación compatibles con las políticas fiscales, monetarias y cambiarias. También hace falta "conducir" las expectativas inflacionarias de los privados, tanto en precios, como en tarifas y salarios.Obviamente, eso no alcanza para recuperar la competitividad perdida, porque nunca tendremos un proceso deflacionario como se sonó en los '90.La competitividad deberá lograrse mediante progresos en tres áreas distintas, en las que deben articularse acciones del sector público como de los empresarios privados: Aumentos de productividad. Es fundamental acompañar los aumentos de costos en dólares con aumentos de productividad, tanto laboral, como de los demás factores. Implica inversiones públicas en infraestructura, inversiones privadas en maquinaria y tecnología. Sólo así será posible soportar los aumentos salariales, y es necesario y posible que así se haga. Financiamiento a plazos y tasas razonables. Es necesario para tener esas inversiones. Chile y Brasil, compensan sus monedas apreciadas con financiamiento muy favorable, provisto por bancos o entes públicos. Acceso a los mercados mundiales. Chile hoy accede a un mercado libre de aranceles y restricciones para-arancelarias 100 veces mayor que el Mercosur, al que accedemos nosotros e imperfectamente. Brasil también está en el camino de olvidarse del Mercosur para iniciar negociaciones con todo el mundo. La combinación de estos tres factores nos permitirá depender menos de las cuestiones cambiarias y generar fortalezas propias en las cuales apoyar un genuino proyecto de bienestar para todos.

