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La economía, de aquí a las elecciones

En el primer semestre del próximo año, la economía crecerá a una velocidad crucero del orden del 4 ó 5 por ciento anual. Jorge Vascocelos.

10 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
La economía, de aquí a las elecciones

Luego de un segundo trimestre de fuerte expansión, la economía argentina apunta a normalizar el ritmo de su crecimiento. En el tercer trimestre podría alcanzarse una variación del Producto Interno Bruto (PIB) del orden del siete por ciento, para apuntar después a un andarivel de entre cuatro y cinco por ciento anual, que es lo que permite la tasa de inversión. Esa velocidad crucero podría mantenerse hasta mediados del año próximo. A partir de ese momento, serán las expectativas vinculadas con las elecciones presidenciales las que pasen a dominar el escenario. Hay analistas que imaginan que, en aras del triunfo, el Gobierno podría incrementar 40 por ciento o más el gasto público el año próximo, y toman como referencia 2007, cuando subió 44 por ciento. Sin embargo, la consistencia temporal de las políticas es clave para transcurrir un 2011 con las menores turbulencias posibles, sobre todo cuando la principal fuente de financiamiento seguirá siendo el Banco Central, que el próximo año podría aportar al Tesoro unos ocho mil millones de dólares adicionales de sus reservas, sin contar los pesos a emitir.Si los agentes económicos percibieran que la política fiscal o cambiaria está ingresando en un plano no sustentable, entonces, lo único que se lograría sería alimentar una fuga de capitales, fenómeno que –se sabe–, afecta en forma inmediata y contundente la trayectoria del nivel de actividad. Ayuda externa. Hoy, la economía mundial facilita una política económica pensada en clave electoral sin necesidad de tantos estímulos espurios. Los mercados de capitales operan sobre un plano inclinado, con un intenso flujo hacia los mercados emergentes en la búsqueda de oportunidades. América latina está recibiendo este año casi 80 mil millones de dólares más de inversiones privadas que el año pasado. Pero, justamente, ese contexto demanda prudencia. Las políticas procíclicas pueden acentuar la euforia pero, al mismo tiempo, generar expectativa de discontinuidad para el día después de las elecciones. A mayor voluntarismo, menores serán las proyecciones de crecimiento para el segundo semestre de 2011. Lo ideal sería poder replicar la institucionalidad de Brasil. En este año de elecciones presidenciales, está creando dos millones de nuevos puestos de trabajo. Problemas locales. Hay que admitir, no obstante, que la realidad argentina es más controvertida. Por empezar, la reactivación en nuestro país presenta claroscuros. El empleo está evolucionando a un ritmo muy moderado, de 2,2 por ciento interanual, por lo que, todavía, el número de puestos de trabajo en el sector privado es inferior al de 2008, antes de la crisis. La debilidad de los datos de empleo tiene que ver con la trayectoria de la inversión, que contrasta con la tendencia verificada, por ejemplo, en bienes de consumo durable. Mientras las ventas de electrodomésticos superan en más de 40 por ciento el nivel pre crisis, las importaciones de bienes de capital todavía son ocho por ciento inferiores a las de 2008, un comportamiento análogoal de las escrituras de inmuebles, que anotan 11 por ciento menos con relación al año pre crisis. Afortunadamente, la producción y venta de automóviles se ubica entre 12 y 14 por ciento por encima de los registros de 24 meses atrás.De todos modos, el rezago de los indicadores más vinculados a la inversión no alcanza para opacar un escenario externo que pocas veces ha sido tan favorable a la Argentina. Es cierto que el crecimiento en los países desarrollados es y será magro, y también que subsisten riesgos de default en emergentes europeos. Pero la compensación viene por tasas de interés cercanas a cero, que bien podrían seguir así un par de años más, junto con un razonable ritmo de expansión en países claves para la Argentina, caso de Brasil y China.Desde el retorno a la democracia, en 1983, se encuentran algunos períodos de buenos precios internacionales para el país junto con otros momentos en los que predominaron bajas tasas de interés internacionales. Pero el presente combina los mejores precios con las tasas más bajas, algo realmente inédito. Desafíos. El interrogante está puesto en la capacidad que habremos de tener para aprovechar esas circunstancias. Porque también hay nuevos desafíos: por caso, el "colchón cambiario" de los años 2002 a 2006 se ha evaporado y de aquí en adelante será muy difícil para cualquier gobierno reestablecer condiciones de ese tipo. Cualquier devaluación que se intente será seguida muy rápidamente por el alza de los precios internos. Pero, al mismo tiempo, los problemas de competitividad del sector industrial y de las economías regionales son crecientes, afectando no sólo rentabilidad sino también decisiones de inversión y empleo. Al respecto, un paso adelante que el país podría dar es incorporar en su radar las experiencias de política económica que van transitando los países vecinos. Sin profundizar, en función del actual contexto internacional, el modelo más apropiado para facilitar la expansión de las inversiones yel empleo productivo es el que Chile ha venido aplicando en los últimos años. Basado en una política fiscal cuidadosa y tasas de interés bajas, con satisfactoria estabilidad de precios, el esquema trasandino aporta las herramientas más adecuadas para lidiar con una situación como la actual, en la que las monedas de la región tienden a valorizarse cada vez más ante las tradicionales divisas internacionales. Frente a esas presiones, lucen inadecuados tanto el modelo brasileño, que atrae capitales golondrina con altas tasas de interés, como el argentino, cuya persistente inflación erosiona la competitividad.