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La aventura del saber

Asistir a clases puede ser una actividad riesgosa, frente a tanto cielo raso caído y pared agrietada. Luis Heredia.

10 de octubre de 2010 a las 12:02 a. m.
La aventura del saber

Para no pocos analistas, la tendencia a tomar escuelas secundarias en la Argentina por parte de los estudiantes, iniciada en Buenos Aires y con su correlato en Córdoba, en demanda de impostergables soluciones edilicias entre otros reclamos, debería ser neutralizada antes de que se extienda irremediablemente hacia las escuelas primarias, jardines de infantes, salitas de 4, salitas de 3 y jardines maternales. "Esto es como una bola de nieve que no para hasta llegar a la base de la montaña, sobre todo si tenemos en cuenta que el sistema educativo tiene deficiencias edilicias en todos sus estamentos. Así como se viene abajo la mampostería en las secundarias, también hay areneros en condiciones deplorables, biberones tapados y algunos sube y baja suben pero no bajan por falta de lubricación, con el problema de que los pequeños quedan suspendidos hasta que llegan los bomberos", aseguran expertos en defensa civil. Sin embargo, en Córdoba las primeras propuestas gubernamentales para los problemas edilicios en los colegios tomados no conformaron a los chicos. El compromiso consistía en adquirir 4.500 postes de quebracho para apuntalar las paredes, los cielos rasos y las estatuas en peligro de derrumbarse, y la compra de 20 kilómetros de cadenas para volver a poner operativos los depósitos de los baños escolares. La iniciativa del gobierno también contemplaba medidas de seguridad como la distribución de 50.000 cascos de obra entre los educandos, calzado aislante para cuando los colegios se electrifican en la temporada de lluvias y cuellos ortópedicos reforzados para evitar problemas en caso del desprendimiento de algún ventilador de techo. Los secundarios en protesta tampoco se mostraron seducidos con una propuesta sobre prácticas de evacuación, tendientes a lograr que los colegios sean desocupados con rapidez en caso de un inminente colapso.La protesta de los estudiantes es clara. No se oponen a cumplir con el calendario de 190 días de clases que propone el Ministerio de Educación provincial, pero quieren alcanzar ese tope sin correr peligros innecesarios. "No puede ser que estudiar en la Argentina sea una actividad equivalente a la pesca de cangrejos en el Mar de Bering", afirma el delegado estudiantil José Promedio, mientras relojea un tramo de molduras que cruje de manera inquietante.Pero la inseguridad edilicia en los colegios trae aparejado otros problemas graves para la educación, como la desconcentración durante el dictado de las clases. Según el prestigioso pedagogo José Machete, es muy difícil prestar atención en clase siguiendo de reojo la evolución de una grieta o el pendular de una pared de durlock .Estas circunstancias contribuirían además a un tema aún más grave para la educación argentina: la deserción escolar. Conocido como el "síndrome del cielo raso", muchos secundarios abandonarían sus estudios por falta de garantías.En medio de la polémica desatada hubo y hay opiniones para todos los gustos, entre ellas una particular forma de solucionar el conflicto lanzada por un director de un colegio de Carlos Paz, que consideró que si fuera el padre de los chicos que están tomando escuelas los sacaría de un "buen patadón en el culo". Semejante afirmación generó algunas certezas y no pocos interrogantes. Hay seguridad en cuanto a que frente a una perspectiva tan expeditiva, los hijos del pedagogo no estarían participando de ninguna toma de colegios. Pero hay inquietud en cuanto a las características y tipo de sanciones que contempla el régimen disciplinario en el colegio del director de pierna fuerte. ¿En caso de un acto de indisciplina, los alumnos reciben amonestaciones o patadas en el culo?Por las dudas (algunos dicen que por fortuna), nadie se animó a preguntarle qué haría con el asilado chileno Galvarino Apablaza Guerra, para solucionar según sus particulares métodos el entredicho diplomático con Santiago de Chile.Más allá de estas cuestiones, la polémica de las escuelas tomadas puso en relieve que para muchos estudiantes, aprender en la Argentina es la auténtica "aventura del saber".