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Intimidad 2.0

En La intimidad, un grupo de profesionales debate sobre la exhibición de la intimidad en medios y redes sociales. El interrogante que surge de esta lectura es: ¿se puede diferenciar lo público de lo privado y lo íntimo? Rogelio Demarchi.

03 de julio de 2011 a las 12:02 a. m.
Intimidad 2.0

El campo psicoanalítico, a menudo, se detiene a pensar distintos fenómenos sociales y culturales. Como suelen hacerlo de manera colectiva, generalmente producen libros corales en los que se articulan, de manera armónica, aun cuando sostengan distintas opiniones, diferentes voces. Por todo ello, esos libros pueden ser de interés para un público no especializado. Un ejemplo es La intimidad (Psicolibro, 2010), en el que un conjunto de profesionales de varias disciplinas reflexiona sobre un fenómeno relativamente nuevo que preocupa a diferentes sectores de la sociedad: la exhibición de la intimidad, sea en los medios de comunicación tradicionales, sea en Internet y las redes sociales, de un tiempo a esta parte, transgrede el límite hasta aquí establecido por "la barrera del pudor" que supimos definir.Planteada la cuestión, la búsqueda de respuestas permite múltiples estrategias. Una es pensar cómo y cuándo surgió la noción de intimidad para, a partir de allí, hacer una comparación entre los medios que tenían a su alcance las anteriores generaciones –las relaciones epistolares y los diarios íntimos– y el blog , Facebook y otras opciones digitales de nuestros días. Para Paula Sibilia, autora del libro La intimidad como espectáculo (FCE, 2008), las diferencias son abismales y están determinadas por el alto valor que ha cobrado la visibilidad. Ya no predomina el "ocultarse y encerrarse", como antes, sino "mostrarse y proyectarse". "Soy, existo, si me ven", podría ser el aforismo que define a nuestra época.La propuesta de Oscar Sotolano, en cambio, es pensar lo íntimo (como noción) en relación con lo privado, convencido de que "lo que se exhibe no es lo íntimo sino lo privado", acción que se concretaría, por ejemplo, a través de esa serie de intercambios superficiales que regulan el diálogo en el chat (voy al baño, esperá que me hago un café, etcétera) con un objetivo muy claro al que él se acerca a través de una pregunta: "¿No será este un recurso discursivo para construir una proximidad que la distancia del contacto en la red impide?". Desde este punto de vista, no todo lo que se muestra sería exhibicionismo.Una tercera posibilidad es la que abre la discusión de casos clínicos, los que permiten pensar a la intimidad como "una experiencia subjetiva que sólo puede ser definida como tal desde quien la experimenta" porque se trata de una experiencia que implica "una cierta disponibilidad y una cierta apertura hacia la interioridad, como si fuera un estado particular del Yo que está abierto, disponible a la interioridad". En consecuencia, si antes se trataba de indagar los vínculos posibles entre privacidad e intimidad, ahora se coloca a la intimidad en relación con la interioridad, de lo que se deduce una toma de distancia con respecto a lo exterior.En la realidad del día a día, seamos jóvenes o adultos, rápidamente diferenciamos lo público, lo privado y lo íntimo, con las discrepancias generacionales más o menos lógicas y previsibles. Ahora, en la esfera digital, ¿es posible esa discriminación? Y si lo es, ¿resulta equivalente a la que conocemos o alguna de esas nociones se empobrece a costa de alguna otra?