Inflación colateral
El alza de los precios de los alimentos colaboró con la inestabilidad política y social de Oriente Medio y África del Norte. Marina Dal Poggetto.
Sin duda la inflación global de materias primas es uno de los principales riesgos para la marcha de la recuperación global. Si bien la tendencia de fondo explicada por la creciente demanda de China e India imprime una fuerza estructural hacia el alza en el precio de los alimentos, la coyuntura de híper-liquidez global impulsada por la política monetaria de Estados Unidos dio un impulso adicional desde agosto del año pasado.Los efectos colaterales de la suba de los precios de los alimentos no se hicieron esperar. La agenda de los bancos centrales que, preocupados por la velocidad de la recuperación del empleo (países desarrollados) y por el fortalecimiento de la moneda doméstica (economías emergentes), está siendo sometida a un complicado dilema. Peor aún, el alza en los precios de los alimentos colaboró sin duda en la inestabilidad política y social de Oriente Medio y África del Norte, economías dotadas por la riqueza petrolera y el estigma de la inequidad social. Si en Egipto el 18,5 por ciento de la población vive con menos de dos dólares diarios, en Argelia esa proporción sube a 23,6 y en Yemen a 46,8 por ciento. ¿Y cuál es el riesgo económico de los conflictos en Medio Oriente y África del Norte? Más allá del riesgo de contagio de la inestabilidad social y política hacia otras regiones (¿China?), el precio del barril de petróleo constituye el principal canal de transmisión de la tensión en la región sobre la trayectoria de la economía mundial. Si Egipto concentra el 0,8 por ciento de la producción global de petróleo, Libia, epicentro de la tensión actual, produce 2,1 por ciento de la producción total. El riesgo sería un contagio de los conflictos a Arabia Saudita que concentra nada menos que el 11,7 por ciento de la oferta total de crudo. En este contexto de incertidumbre en torno a la oferta global de petróleo, los inversores salieron de activos riesgosos como alimentos y acciones para posicionarse en petróleo y monedas duras, instaurando un cambio en la composición del boom de materias primas con mayores precios de petróleo (que llegó a cotizar a 100 dólares el barril calidad WTI) y menores de alimentos (la soja cayó nueve por ciento), cuya magnitud dependerá de cómo sigue esta historia. En adelante, los Bancos Centrales de los países emergentes tendrán que seguir de cerca la evolución de la inflación global para no ahogar el crecimiento rápido de las economías y minimizar el riesgo de contagio de los conflictos en Oriente Medio y Norte de África.En tanto, la política fiscal y los gobiernos deberán empezar a afrontar la pérdida de poder adquisitivo de los sectores más bajos con el fin de moderar los conflictos. Algo de esto empezó a ocurrir en México, mientras que en otros países aumentan los controles sobre los medios como en China. Veremos cómo sigue.
*Directora Estudio Bein & Asociados.

