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La gran estafa

La relación de José Manuel de la Sota con Néstor Kirchner y Cristina Fernández siempre fue complicada. Eduardo Bocco.

03 de julio de 2011 a las 12:02 a. m.
La gran estafa

La relación de José Manuel de la Sota con Néstor Kirchner y Cristina Fernández siempre fue complicada. Los primeros cortocircuitos se ubican en la década de 1980, cuando la pareja patagónica y el cordobés formaban parte de la Renovación Peronista, que tuvo una espléndida derrota en 1988, en la interna justicialista presidencial (Carlos Menem-Eduardo Duhalde derrotaron a Antonio Cafiero-De la Sota por un margen contundente). Los sureños siempre tuvieron algún recelo hacia De la Sota, quien tomó ventajas y se convirtió en embajador en Brasil durante la primera presidencia de Menem. Años después, en pleno conflicto con Chile por los Hielos Continentales, Fernández de Kirchner recorría el país en defensa de la posición argentina. En sus visitas a Córdoba, la actual presidenta criticaba con vehemencia al hoy candidato a gobernador de Córdoba. De "traidor" para arriba, lanzaba la diputada nacional por el peronismo de Santa Cruz.A partir de julio de 2000, Kirchner y De la Sota fueron colegas. Después de la crisis que terminó con la administración de Fernando de la Rúa, Duhalde quedó transitoriamente en el poder nacional. Las ansias de perpetuarse del ex vicepresidente de Menem estallaron con la muerte de Kosteki y Santillán en el puente Avellaneda, tras una represión policial. Duhalde plantó bandera y abandonó su carrera por candidatearse a presidente elegido por el voto popular.Sentado en el principal sillón de la Casa Rosada, abrió el juego para buscar la sucesión y evitar el regreso de Carlos Menem. Pidió encuestas y la primera fila de la grilla la ocupaban De la Sota y Kirchner.La rivalidad con el cordobés se profundizó, pero De la Sota se fue al pasto y Kirchner quedó como único competidor por el peronismo no menemista.De la Sota dio la bienvenida a Kirchner como candidato presidencial: recordó despectivamente que al gobernador de Santa Cruz le decían "Lupín". "Lo hizo de manera despectiva, pero ello no implica un agravio para Néstor", dijo después Cristina, de visita otra vez en Córdoba durante la campaña. Con Kirchner presidente y De la Sota gobernador, hubo tramos asfaltados y otros de ripio, en una relación siempre cambiante. Al arribar Cristina a la Casa Rosada, De la Sota ocupó el casillero de los adversarios internos, casi enemigos. Julio De Vido trató de que las viejas heridas de la mandataria cicatrizaran. Las ideas opuestas y los estilos diferentes intentaron ser ocultados por el poderoso ministro en un segundo plano. Pero la Presidenta volvió a la carga. Así como lo hizo en todas las provincias, a la lista de legisladores nacionales de Córdoba resolvió armarla ella, a voluntad. Y no le dio ni las migas a De la Sota. ¿La razón del último enojo? Cuando el candidato a gobernador nombró a Alicia Pregno como postulante a vice, desoyó por completo el consejo K de poner a una candidata afín al oficialismo. El PJ cordobés dijo que "la Alicia" era una chica kirchnerista, lo cual no tiene nada que ver con la realidad. Allí estalló todo y hoy, por más declaraciones conciliadoras que existan, el fuego de la pelea está vivo. Y en la calle Balcarce no están dispuestos a apaciguar las cosas, aunque, frente a los micrófonos, relativicen o nieguen todo.