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El Falcon verde se quedó sin nafta

Los manuales básicos de la política sugieren que, luego de una elección sin irregularidades, el ganador no debe ser criticado, al menos por un tiempo. Eduardo Bocco.

17 de marzo de 2013 a las 12:02 a. m.
El Falcon verde se quedó sin nafta

Nada de eso pasó en la historia que tuvo su centro en el Vaticano. Apenas designado Jorge Bergoglio como papa Francisco, la presidenta Cristina Fernández lo “puso en caja”: su carta de felicitación fue corta, fría, y contrastó con la actitud generosa y hasta afectiva que adoptaron otros mandatarios, como Dilma Rousseff (Brasil) o Barack Obama (Estados Unidos).

Alentados por la señal de su jefa, voces ultrakirchneristas descalificaron a Bergoglio e insistieron en vincularlo con la última dictadura militar argentina. Al calor de algunos medios amigos del kirchnerismo, avanzaron a sus anchas. Utilizaron las redes sociales para insistir en las hipótesis que intentaban vincular a Francisco con los Falcon verde, sinónimo de muerte y horror en los feroces ’70.

En Twitter, el sindicalista Luis D’Elía aseguró que el nombramiento del religioso argentino era una jugada del imperialismo para asestar un duro golpe a Latinoamérica. Aunque cause asombro, eso dijo el piquetero oficialista en la popular red social.

Insultos de todos los colores para el Papa de parte de corrientes kirchneristas se sucedieron con el correr de las horas.

Los “mensajeros del amor” de este poder central disparaban munición gruesa con el aparente aval de sus superiores, los que probablemente solventen los gastos de estas aventuras.

Era la “resistencia”. Sin embargo, las horas siguieron pasando y los “mensajeros...” empezaron a hacer silencio. Se ralearon las voces críticas. Un único motivo obligó al cambio abrupto de estrategia: en casi todo el mundo se generó una inmensa ola a favor de Bergoglio.

El papa que vino del fin del mundo jugó una carta política marketinera importante: presentarse como lo que es, es decir un hombre austero, que hizo de la sencillez un estilo de vida. El mundo “compró” esa imagen. Ya habrá tiempo para juzgar la gestión de Bergoglio, de evaluar su liderazgo, razonó la inmensa mayoría.

En defensa del Papa salieron voces impensadas que descolocaron a los críticos. Leonardo Boff, Adolfo Pérez Esquivel y Graciela Fernández Meijide, por ejemplo, lo desvincularon de cualquier ligazón con los genocidas de la dictadura. Obviamente, esas tres personalidades no tienen nada que ver con la derecha, ni mucho menos con las ideas fascistas ni tampoco con el imperialismo.

El kirchnerismo pareció recoger el guante y las voces se acallaron. Se frenó el ímpetu ofensivo. Probablemente y, encuestas en mano, resulte inconveniente opinar en contra de un papa que, apenas designado, cuenta con el favor popular. La marcha atrás se activó casi con sigilo. Es que, guste o no, Francisco se metió la gente en el bolsillo. Así, el Falcon verde tuvo que volver otra vez a la cochera.