Factor sorpresa
¿Qué llevó a la Presidenta a anunciar la refinanciación de las deudas provinciales? ¿Y por qué la alegría de muchos es la tristeza de Binner?
Sin que nadie siquiera lo imaginara, la presidenta Cristina Fernández convocó el lunes a los gobernadores que le deben mucho dinero a la Nación (algunos estaban muy cerca de ir a vivir a un shopping ), y los sorprendió con un anuncio fenomenal: el de la quita, refinanciación y finalmente la licuefacción de las deudas provinciales de aquí a 20 años, a partir del Programa Federal de Desendeudamiento Provincial.
Fue tan impensado y de tal magnitud el beneficio, que por recomendación de algunos asesores se había montado (con absoluta discreción por supuesto) una sala de emergencias para atender posibles descompensaciones o desmayos de gobernadores que podrían haberse visto superados por la emoción de semejante anuncio.
"Una cosa es condonarles la deuda y otra muy distinta es tener que pagar a alguno por bueno", aseguraba un funcionario de la Rosada, mientras empaquetaba una docena de desfribiladores que por suerte no hubo necesidad de usar.
Más allá de esta comidilla, mucho se habló y se especuló sobre las razones políticas que llevaron a la Presidenta a decidir esta medida, que era largamente pedida por los gobernadores en aprietos. En principio serían dos las razones principales.
El fracaso de los intentos de cobranza. Se enviaron a los gobernadores más reticentes intimaciones de pago, que contenían la amenaza de incluir a sus provincias en el Veraz del Banco Central junto con todos los morosos de la Argentina, pero en la categoría "irrecuperables". Debido a que no había respuesta a estas notificaciones, se optó por contratar a una empresa especializada en el envío de cobradores disfrazados de duendes para poner en evidencia a los morosos (esto podría explicar algunos testimonios de avistamientos de misteriosos gnomos en los jardines de varias casas de Gobierno provinciales).
Como este método tampoco tuvo éxito, el Gobierno nacional contrató a un grupo de cobradores extranjeros con amplia experiencia en el rubro. Eran ítalo-norteamericanos de 50 a 55 años de aspecto temible y anteojos oscuros que visitaban a los gobernadores morosos munidos de bates de béisbol y que dejaban sutiles mensajes, como roturas de ópticas de los autos oficiales. Pero ni aun así se logró mejorar la recaudación.
Una debilidad presidencial. Pero el segundo y quizás decisivo motivo del anuncio radicó en una cuestión sólo conocida por el entorno presidencial: a Cristina Kirchner le encantan las sorpresas.
Según las fuentes, esta característica de su personalidad es su punto débil dentro de una conducta esencialmente dura e implacable como política. "Muchos no querían saber nada con la decisión, pero la Presidenta no pudo resistir el impulso de ver la cara de los gobernadores en bancarrota cuando les anunciara una reducción inmediata de 10 mil millones de pesos en las deudas", agregó el informante.
Por esta razón, la asistencia al Salón de las Mujeres de la Casa Rosada fue cuidadosamente planificada para que no hubiera filtraciones. Las sillas reservadas a los gobernadores en apuros estaban ubicadas en primera fila y tenían un letrero que decía "deudores", y se hizo circular que la razón del llamado presidencial era anunciar la construcción de un subterráneo que cruzara todo El Impenetrable chaqueño para sacar a los tobas del atraso y la pobreza extrema, e integrarlos al resto de la Nación.
Pero el anuncio que llenó de satisfacción a por lo menos 15 gobernadores sumergió en la amargura al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, quien dijo sentirse discriminado porque su provincia no le debe plata al Estado nacional ni a organismos internacionales, y por lo tanto quedó al margen del Programa. "Binner no debe sentirse discriminado porque fue él quien nunca hizo un esfuerzo por integrarse al resto, endeudándose hasta el cuello como lo hicimos todos nosotros", afirmó un gobernador que prefirió mantener el anonimato, pero que ya había licitado la compra de 10 toneladas de manteca para tirar al techo. Tal vez Binner debería saber que para gobernar en la Argentina no hay que sacar los pies de la deuda.

