Una experiencia única e irrepetible
Hortensia fue una experiencia única que me permitió disfrutar doblemente de mi trabajo. Aldo Cuel.
Hortensia fue una experiencia única que me permitió disfrutar doblemente de mi trabajo. Por el placer de hacerlo y sobre todo por la posibilidad de generar una sonrisa, una sorpresa o simplemente un instante de distracción en los lectores. Me siento orgulloso, pues con muchos de mis compañeros contribuimos a consolidar el sello de humor que tiene nuestra provincia. En un momento muy especial del país –años '70 y '80–, donde Córdoba concentraba la atención por todo lo que sucedía a nivel social y político. Era un referente nacional. En este contexto tan diverso de luchas, amigos, cuestionamientos, bohemia y vinos, creo que fuimos cazadores y traductores de la impronta cordobesa, que tiene que ver con la espontaneidad, la repentización y un ingenioso manejo del absurdo. Sentí que muchos de nosotros accedimos a códigos comunes que nos permitieron conseguir cierta complicidad con los lectores, y esto resultó de gran efectividad en el resultado de los chistes. Es un poco la explicación por la cual mucha gente de Buenos Aires o con poco contacto con Córdoba, al principio no entendía los chistes cordobeses. Después, en la medida en que se fueron difundiendo y conociendo estos códigos, se amplió geográficamente la interpretación del humor cordobés.

