Esta maldita inflación
La inflación no tiene un único factor y, más que buscar culpables, hay que actuar con la política económica.Nadin Argañaraz.
En estos días se ha despertado nuevamente la discusión en relación a la inflación. Es claro que si hubiera más inversión neta positiva, la mayor demanda que impulsa el Gobierno nacional no generaría ni el crecimiento de importaciones ni el de precios que estamos viendo. Pero es esencial preguntarse por qué no hay más inversión y cuánto tiene que ver la propia dinámica inflacionaria en ese comportamiento, como así también por qué el Gobierno nacional sigue insistiendo con políticas expansivas al ritmo que lo hace. Desde mi punto de vista no hay un único factor generador de la inflación argentina. Hay cuestiones de demanda, materializadas en una política fiscal, monetaria y de ingresos expansiva. Hay cuestiones de oferta generales y puntuales, como el caso de la carne. En varios mercados falta más competencia genuina. En fin, son varios los motivos que se conjugan, para generar una tasa de inflación que en el último año puede estar cerca del 25 por ciento, promediando todos los bienes y servicios.Más que insinuar culpables, lo primero que habría que hacer es reconocer el problema y actuar con todos los instrumentos de política económica para iniciar un proceso de desaceleración de la suba de precios. Y esto implica estar dispuestos a pagar algún costo, como puede ser una desaceleración de la tasa de crecimiento del producto real. Quisiera insistir con la palabra desaceleración, que para nada implica recesión. Los coletazos de la inflación La inflación perjudica a todos. En un entorno inflacionario como el que tenemos, no todos los precios de los bienes y servicios de la economía suben a igual ritmo. Por ende se van generando cambios de precios relativos, lo que lentamente va modificando la asignación de recursos. En el caso de los consumidores, van perdiendo la brújula de qué es más barato o más caro y deciden bajo esa situación. En el caso de los empresarios, para sus decisiones de inversión, los precios relativos esperados son vitales. Tarde o temprano se corre el riesgo de que la inflación paralice la toma de decisiones e igualmente se pague su costo en materia de actividad económica.Todo se va deteriorando con inflación, sobre todo si su falta de reconocimiento la va acelerando. Es difícil pensar en un agente económico que en el largo plazo se beneficie con la inflación, más allá de que en el corto puede hacer alguna diferencia, como la hace el propio Estado, cuya recaudación va muy al ritmo de la inflación y sus gastos no automáticos pueden esperar por algún tiempo la suba.El mundo, a pesar de la inflación que se genera por la suba de las commodities , brinda una oportunidad muy buena para que en Argentina podamos encarar la solución del problema inflacionario, minimizando los costos respecto a un escenario internacional distinto al actual.Si bien dije antes que la inflación afecta a todos, al ser el impuesto no legislado más regresivo, castiga más a las personas de menores ingresos. De eso no hay duda y es lo que a mi criterio justifica por sí mismo toda acción genuina tendiente a eliminarla. Será una de las herencias que este gobierno dejará y que habrá que atacar cuanto antes.

