Emergentes: ¿de la vulnerabilidad a la inmunidad?
La corrida del mercado transforma esas señales tardías de contención en una fuente de incertidumbre hacia adelante, propagando mientras tanto el contagio financiero hacia el resto del mundo. Marina Dal Poggetto.
A diferencia de crisis financieras pasadas, cuando el vuelo a la "calidad" engripaba a economías en vías de desarrollo que dependían sensiblemente del financiamiento externo, la última crisis global se encontró con un mundo emergente mucho más inmune a los shocks externos. Este escudo protector no fue mágico, sino que se gestó a partir de una política macro que aprovechó mayoritariamente el viento de cola propagado por el exceso de ahorro en China y la exuberancia financiera del mundo desarrollado (exceso de consumo financiado con deuda), para estabilizar los niveles de inflación en economías con superávit gemelos y acumulación prudencial de reservas. Cuando irrumpió la crisis subprime, con la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, las economías emergentes utilizaron estos "colchones macro" para amortiguar el shock externo negativo y propagar el arranque rápido de la actividad vía los recortes de las tasas de interés, la depreciación de sus monedas y el aumento del gasto público contracíclico. Así, mientras China pasó de crecer al 11 por ciento anual para desacelerarse al nueve por ciento en 2009 y luego volver a un ritmo de crecimiento del 10 por ciento, Brasil pasó de un crecimiento promedio del cuatro por ciento a una caída de 0,6 por ciento en 2009, para luego volver a crecer a un ritmo del 7,5 por ciento en 2010.Luego de un 2010 en el que volvió el viento de cola impulsado por el programa de emisión monetaria de la Reserva Federal de USA (QE2), que contribuyó a una recuperación rápida del mundo emergente vía un dólar débil y precios de materias primas altos, el shock externo es gatillado ahora por la corrida del mercado frente a una Europa que aplica el ajuste fiscal, en medio del estancamiento, en una zona Euro donde el prestamista de última instancia por definición -el Banco Central Europeo- sigue jugando al riesgo moral en medio de la crisis sistémica. Y si bien la política europea continúa emitiendo señales de contención del riesgo sistémico que apuntan a minimizar un evento de crédito a la Lehman Brothers en 2008/9, la corrida del mercado transforma esas señales tardías en una fuente de incertidumbre hacia delante propagando, en el mientras tanto, el contagio financiero hacia el resto del mundo.Una vez más, en mayor medida, el mundo emergente volvió a reaccionar a tiempo. Y mientras Argentina sin superávit externo, sin ahorros y sin crédito, intentó seguir de largo manteniendo el tipo de cambio a costa de una suba de más de 1.000 puntos básicos en la tasa de interés, el grueso de los emergentes (entre los que se encuentran nuestros vecinos) viraron el sesgo de la política monetaria. Aprovecharon para soltar el tipo de cambio que venía muy apreciado y poner "en pausa" el ciclo de suba de tasas. Brasil fue por más y bajó ya dos veces la tasa de referencia desde niveles estrafalariamente altos en términos reales.Frente a un escenario de contención del riesgo sistémico que creemos (esperamos) se termine dando en Europa y por ende de precios de materias primas elevados en economías centrales con tasas bajas, la capacidad de reacción de los emergentes aumentará el grado de desacople frente a los ruidos de un mundo desarrollado que seguirá por buen tiempo pagando los costos de la "exuberancia irracional" de la década pasada.
*Economista y Directora de Estudio Bein & Asoc.

