El agujero energético
Un extraño fenómeno físico-astronómico está terminando con nuestras fuentes de energía. Luis Heredia.
Cuando parecía que el tema del agujero de ozono estaba medianamente controlado, al punto que la gente había comenzado a perder el miedo a caminar bajo el sol en verano (muchos habían optado por hábitos nocturnos por el temor a entrar en combustión debido a la potencia de los rayos UV), ahora en pleno invierno la Argentina fue alertada de la existencia de un nuevo hueco, de una variedad hasta ahora desconocida, el denominado "agujero energético".
Pero en este caso no fueron los científicos los que descubrieron esta flamante y no menos intranquilizante oquedad, sino el presidente de la Asociación de Estaciones de Servicio, Manuel García. Aparentemente, a García le habían desaparecido misteriosamente unos surtidores de su estación de servicio y al investigar descubrió que habían sido tragados nada más ni nada menos que por el agujero energético.
"Los agujeros son cosa seria", explica sin medias tintas el científico José Buracco, un apasionado que es reconocido como el padre de la Agujerología, y que dedicó su vida al estudio de todo tipo de orificios, desde los agujeros negros hasta los agujeros fiscales, pasando por el agujero existencial y famoso barril sin fondo.
"Tienen una extraordinaria capacidad para ingerir todo tipo de cosas. Un agujero negro por ejemplo puede absorber toda una galaxia si pasa cerca, y se han dado casos de hoyos de golf de aspecto inofensivo que se han tragado caddies con palos y todo, sin dejar rastros", agrega el especialista, que trabaja sobre la hipótesis de que el agujero energético puede haber sido originado por un bache de alguna calle cordobesa.
En este punto, Buracco no tiene dudas de que existe y es el causante de la falta de garrafas en Córdoba y otras provincias argentinas. "Está claro que las garrafas se están yendo por el agujero energético, y es posible que ya se esté chupando la energía de Epec en turnos rotativos. Lo peor que pueden hacer los gobernantes en este momento es desconocer su existencia, porque mañana comenzará a tragarse las pilas, las baterías de los celulares, las bebidas energizantes y todo lo que en definitiva tenga algo de energía. No nos sorprendamos si el próximo verano las luciérnagas dejan de emitir luz, porque es una posibilidad cada vez más cercana", advierte el estudioso.
Respecto de las soluciones, los especialistas en general son escépticos. "El agujero llegó para quedarse y lo único que puede hacerse es buscar más fuentes de energía, como por ejemplo yacimientos de gas y petróleo, una práctica que antiguamente se realizaba en la Argentina", señala Buracco.
El científico se refiere a una tarea, hoy en desuso, que se desarrollaba en el país desde principios del siglo 20 y que consistía en perforar el suelo para detectar depósitos de hidrocarburos para después extraerlos.
"Esta tarea fue llevada adelante durante casi un siglo por Argentina, pero en la década de 1990 gobernantes visionarios consideraron que era un trabajo complicado, que te arruinaba la ropa y te dejaba las manos a la miseria. Convenía entonces vender lo que se había descubierto, que el comprador agotara el stock y después comprarle a Bolivia o a Venezuela que se dedican a esas cosas", señala el especialista en grandes desatinos nacionales José Curado de Espanto.
Según se explicó en su momento, el principal problema de la exploración petrolera es que se debe perforar donde hace millones de años pastaron los dinosaurios (que, como es sabido, después de muertos se transformaron en petróleo), las huellas no están muy nítidas porque la más fresca tiene 75 millones de años y los rastreadores se desorientan (salvo el Gumersindo Vestigio, que descubrió un yacimiento en Neuquén siguiendo el rastro de un velocirráptor).
El argumento fue tan contundente que nunca más un gobernante argentino consideró que era conveniente buscar petróleo. Habrá que ver cómo reaccionan de ahora en más frente al agujero energético.

