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EE.UU. sorprende con su auge en la producción petrolera

¿Ante un nuevo giro copernicano en la gran potencia?. Martín Vauthier.

20 de enero de 2013 a las 12:02 a. m.
Martín Vauthier*
EE.UU. sorprende con su auge en la producción petrolera

Con la declinación de la producción en los campos convencionales, todas las proyecciones en las últimas décadas del siglo pasado apuntaban a que la dependencia de Estados Unidos del petróleo importado no sólo no iba a menguar, sino que iba a intensificarse aún más. La producción doméstica había alcanzado un pico de 9,6 millones de barriles diarios en 1970, para luego ir declinando gradualmente hasta un mínimo de cinco millones de barriles diarios en 2007. Esto último justificó buena parte de las relaciones exteriores de Estados Unidos, y con ellas de la dinámica geopolítica mundial. Esta situación empezó a cambiar en la segunda parte de la última década, cuando la tecnología para desarrollar y explotar yacimientos de hidrocarburos no convencionales comenzó a aplicarse a escala comercial en la primera economía mundial. Esto permitió revertir la tendencia a la baja en la producción de crudo de Estados Unidos, cerrando 2012 con un estimado de casi 6,5 millones de barriles diarios, y una industria en plena fase de auge. En este contexto, sumado a los efectos de la crisis financiera sobre el nivel de actividad y consecuentemente sobre el consumo de petróleo, las importaciones de crudo cayeron desde 13,7 millones de barriles diarios en 2006 a menos de 11 millones diarios en 2012, reduciendo la dependencia del petróleo importado a un 45 por ciento del consumo total (desde el 60 por ciento que representaba a fines los '90). Esta menor dependencia del crudo extranjero, además de presagiar un cambio en la relación con los países productores, constituye una potencial fuente de alivio a futuro del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, una de las asignaturas pendientes que el país deberá encarar en los próximos años. Vale destacar que el balance de petróleo explica todavía un 40 por ciento del desequilibrio externo de la primera economía mundial, constituyéndose en un elemento de relevancia a la hora de ubicar a las cuentas externas en una trayectoria sustentable. Hacia adelante, las proyecciones son optimistas. En 2011, cuando se consideran, además del petróleo crudo, el resto de los derivados, Estados Unidos fue exportador neto de dichos productos por primera vez desde 1949, una situación impensada tan solo un lustro atrás. Hacia 2020, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (organismo multilateral que asesora a los principales países industrializados), la producción de crudo estadounidense alcanzaría 11 millones de barriles diarios, y superaría a la de Arabia Saudita, el primer productor mundial, mientras que en 2030 el país se convertiría en exportador neto de petróleo crudo. Si estas proyecciones se confirman, los impactos sobre la configuración geopolítica mundial que se forjó durante el último siglo serían enormes, abriendo una era de nuevos desafíos y oportunidades en las relaciones internacionales.